1 jun. 2014

La Guerra de Invierno - Talvisota (1939-1940)

La URSS ataca Finlandia


Las exigencias de Stalin a Finlandia.


Iósif Vissariónovich Dzhugashvili, Stalin
    Este conflicto, menos conocido pero no menos importante que los de su época, fue provocado por un Stalin que calculaba una rápida victoria como la de la Wermacht alemana sobre Polonia, cálculos que se vieron frustrados por la resistencia del pequeño y valiente ejército finlandés. Y eso que en 1934 se había firmado un pacto ruso-finés de no-agresión

Caricatura del reparto germano-soviético de Polonia


   Tras haber ocupado la mitad del territorio polaco, y obligar a las repúblicas bálticas a firmar acuerdos para instalar bases militares, a Stalin le preocupaba cubrir el acceso noroeste a la URSS. Sabía que la ruptura del pacto germano-sovético firmado con Hitler era cuestión de tiempo, por lo que inició conversaciones con Finlandia a principios de octubre de 1941. Sabiendo de antemano que el gobierno de Finlandia se iba a negar, exigió la firma de un pacto de asistencia mútua, establececimiento de bases militares en suelo finlandés y reclamaciones territoriales como el desplazamiento de la frontera en el istmo de Carelia a 65 kilómetros al oeste de Leningrado, la 2ª ciudad del imperio soviético.

    El gobierno finlandés se negó en banda ante tales peticiones. Aunque a lo largo de los meses de octubre y noviembre las negociaciones entre Helsinki y Moscú nunca cesaron, a ambos lados de la frontera los ejércitos se estaban movilizando. Alemania, aunque aliado natural de Finlandia, no iba a intervenir debido al tratado de no agresión que tenía firmado con los soviéticos. Los dirigentes finlandeses, sabedores de su inferioridad militar y, ante el miedo a una total invasión soviética, intentaban evitar la guerra proponiendo pequeñas concesiones de última hora, pero el 26 de noviembre un incidente fronterizo entre tropas (probablememente un montaje soviético) mató a varios soldados rusos: la excusa que esperaba Stalin.

El ejército finlandés. 


    En 1939 Finlandia era un país de 4 millones de habitantes, cuyo ejército se organizaba en unas 9 divisiones de unos 33.000 hombres más unos 127.000 de la Defensa Territorial de unidades independientes, repartidas en 9 regiones militares. Compuesto por oficiales y suboficiales de carrera y un contigente del servicio obligatorio que se reclutaban cada año, más los reservistas, con los que se podía organizar otras 3 divisiones, alcanzando un número de 250.000 hombres en total. El sistema de movilización era sencillo, cada soldado o reservista recibía un telegrama en casa, pasaba por el cuartel correspondiente a recoger su equipaje -en ocasiones llevaban sus propios pertrechos- y la división ya estaba lista para ir al frente, un planteamiento básico adaptado a la geografía finlandesa. El ejército principal debía dedicarse a frenar todo lo posible al enemigo mientras llegaban las reservas a las posiciones de defensa (principal estrategia de la Línea Mannerheim). 



Tropas finlandesas
    El problema de este ejército era que adolecía de cuadro de mandos y de equipamiento básico. Con escasas armas automáticas, carecía también de uniformes y tiendas de campaña en cantidades suficientes. Preocupante era la falta de piezas de artillería. Solamente había 18 morteros de 81 mm. más 36 cañones anticuados y de corto alcance para cada división. Disponía además de 100 antiaéreos a disposición de las unidades de Defensa Territorial. El cuerpo blindado estaba compuesto por 32 tanques Renault de 1919 y 32 Vickers de 6 t. armados solo con ametralladoras. Ante la presión soviética, se decidió a última hora adquirir 112 cañones anticarro Bofors de 37 mm. El ejército carecía además de transportes y equipos de radio, usando estafetas y teléfonos de campaña. La reserva de munición y obuses de artillería era cortísima. La mayoría de las tropas eran torpes en la marcha, pero eso sí, de esquiar soberbio. 

Biplano Blackpurn fuerza aérea finlandesa
   
    La aviación estaba compuesta por unos 30 biplanos Blackpurn y Fokker C y           7 cazas modernos Fokker D, a toda vista insuficientes. La marina de guerra apenas alcanzaba 20 buques, la mayoría guardacostas, torpederos y dragaminas de los años 20, añadiendo 5 submarinos y un rompehielos. También contaban con una importante dotación de baterías de artillería costera.



Gustaf Mannerheim


   El mando supremo correspondía al mariscal Gustaf Mannerheim, héroe de la independencia, experto en combates, y familiarizado con las tácticas rusas y sus manuales militares, lo que ayudó a lo largo de toda la campaña a predecir los movimientos soviéticos.
   
      El despliegue en el istmo de Carelia lo formaban los Cuerpos II y III con 5 divisiones al mando del teniente general Hugo Ostermann. En la costa este del lago Ladoga estaba el general Hägglund con las 2 divisiones del IV Cuerpo. El grupo central comprendía el V Cuerpo con 9 batallones de frontera bajo el mando del general Vilpo Tuompo. Al norte, en el grupo de Laponia estaban 4 batallones  y unidades de la Guardia Cívica mandados por el general Kurt Wallenius. La reserva la formaba el I Cuerpo, con 2 divisiones y una brigada de caballería.

Los soldados finlandeses eran excelentes esquiadores
Pelotón en bicicleta ejército finlandés. 
Sección finlandesa con carro Vickers 6t



El Ejército Rojo.


Desfile en la Plaza Roja, mayo 1934
    
     Con 180 divisiones disponibles, el Ejército Rojo podía permitirse destinar 30 de ellas (más 6 brigadas de carros) a la ofensiva contra Finlandia, con un de total de unos 800.000 hombres al mando de Voroshilov en unidades motorizadas, móviles y mejor equipadas que las finlandesas. Una división rusa disponía del doble de ametralladoras y de cañones que una finlandesa, a lo que había que añadir divisiones completas de blindados (1.500 tanques) y artillería. La reserva de munición era enorme, disponían de abundantes transportes y mejores sistemas de comunicaciones. Gigantescas reservas energéticas y humanas alimentaban ese ejército. Los soldados rusos eran en general obedientes y entrenados con ardor en la táctica del asalto en masa.  

Tanque ligero BT-7 maniobrando
     
     La operación militar sería apoyada desde el aire por unos 3.000 bombarderos y cazas bien equipados. La Marina de Guerra Roja tenía la entidad suficiente para sostener una misión de desembarco en cualquier punto de la costa.

Voroshilov saluda a sus oficiales
       
     Sin embargo los problemas del Ejército Rojo provenían de sus cuadros de mando; las tremendas purgas stalinianas habían eliminado miles de oficiales experimentados y competentes. La mayoría de los que quedaban estaban formados en tácticas de guerra a gran escala propias del Siglo XIX o de la 1ª Gran Guerra. Además, la presencia de comisarios políticos en cada unidad anulaba cualquier iniciativa individual de oficiales y soldados.

        El enorme ejercito invasor se dispuso a lo ancho del istmo careliano, con el VII Ejército de 14 divisiones y cinco brigadas acorazadas con tanques de varios tipos. Este grupo principal, al mando de Meretskov, debía forzar la Línea Mannerheim, tomar Viborg y seguir hasta Helsinki. En la costa este del Ladoga se desplegó el VIII Ejército, con 9 divisiones y una brigada acorazada, cuya misión era apoyar al VII. En el centro las 5 divisiones del IX Ejército debían llegar hasta el golfo de Botnia y la frontera sueca, cortando el país en dos. En el Ártico el XIV Ejército, con 3 divisiones, debía conquistar Petsamo y cortar las comunicaciones con Noruega.


Estrategias y primeros combates.




Helsinki bajo las bombas sovíeticas



    El 30 de noviembre, y sin previa declaración de guerra, se inicia el ataque soviético por tierra, mar y aire. Helsinki sufre un terrible bombardeo aéreo que causa 200 muertos civiles. 

Cóctel mólotov a la espalda 






    Conforme al plan inicial, los rusos llegan frente a la línea Mannerheim el 5 de diciembre, con el empuje de los blindados que causan pánico en las filas finlandesas, sin apenas armas anticarro, aunque pronto descubrieron la eficacia de una bomba incendiaria que bautizaron "cóctel mólotov", así como diversas cargas explosivas. Pronto llegan los primeros éxitos defensivos que galvanizan la moral finlandesa.
Soldado finlandés con fusil ametrallador M-26

Stalin y Kuusinen detrás de Molotov, firmando




  El 1 de diciembre Stalin instala un gobierno títere en la banda de terreno conquistada, con el comunista finlandés Kuusinen al frente: la República Democrática de Finlandia, único país legítimo al que reconocería la URSS a partir de entonces.  






   

     Al norte del lago Ladoga, los rusos avanzan a buen ritmo hacia Kollaa, Tolvajarvi, e Ilomantsi, pero son detenidos entre el 8 y 10 de diciembre, en incluso rechazados. En el sector centro los rusos llegan hasta Kuhmo y Suomossalmi pero también son rechazados por los contrataques de una división de reserva finlandesa procedente de Oulu. Entre el 8 de diciembre y el 2 de enero, se produce la batalla de Raate-Suomussalmi, donde unos pocos miles de esquiadores finlandeses (y la nieve invernal) destruyen 2 divisiones soviéticas, con tácticas de guerrilla, dividiendo las columnas rusas en bolsas ("motis") y eliminando los asediados poco a a poco. A pesar de su inferioridad numérica y material, los finlandeses logran eliminar completamente la 163ª y la 44ª divisiones soviéticas, causándo 30.000 bajas. Los finlandeses pierden 1.700 hombres pero logran apoderarse de una gran cantidad de material bélico. Esta derrota prácticamente paraliza la ofensiva soviética en el sector centro hasta el final de la guerra.

Imagen gráfica de la derrota soviética
Esquiador finlandés con camuflaje adecuado para el terreno
Cuerpo soldado soviético congelado
Equipo soviético abandonado tras la batalla Suomussalmi


    En el Ártico, los rusos llegan hasta Salla el día 20 también pero también son frenados y rechazados. En Petsamo los finlandeses se repliegan para parar el avance ruso el día 18 en Nautsi. 

Soldado finlandés con reno en Laponia. Subfusil Suomi K31
Los renos fueron el mejor transporte en el Círculo Polar
    
      En la parte sur de la Línea Mannerheim los rusos intentan un asalto con 3 divisiones el día 15, pero fracasan, al igual que entre el 25 y el 27 de diciembre. En realidad era una finta, para atacar en el sector de Summa; tras un diluvio de fuego de artillería las defensas se ven arrolladas por el ataque de 70 blindados, aunque la infantería finlandesa atrincherada los deja pasar, rechaza la infantería roja que los seguía y posteriormente por la noche elimina los tanques rusos uno por uno. La maniobra se repite durante dos días, en los que los soviéticos llegan a perder 200 tanques. El 22 cesan los ataques, la posición finlandesa estaba casi intacta y sin necesidad de que acudiese la reserva. Si los avances de los tanques rusos se hubiesen coordinado bien con la infantería, la línea Mannerheim se habría hundido en ese sector. El 23 de diciembre los finlandeses se atreven con un contrataque, pero faltos de artillería y entrenamiento en asalto y fracasan. 

    La primera fase de los combates se paraliza y el frente se estabiliza de norte a sur. Mannerheim logra inicialmente frenar el avance soviético, aún a costa de tener que usar ya la mitad de sus reservas.

El VII Ejército soviético en marcha
Bandera de Finlandia sobre posición defensiva



Solidaridad internacional con Finlandia.

Caricatura norteamericana sobre la invasión de Stalin al pequeño país nórdico
    
     La agresión soviética supuso una verdadera conmoción internacional, paradójicamente mayor que la invasión alemana a Polonia y que supuso la guerra con Francia e Inglaterra. Varios países condenaron el ataque, el mismo Vaticano ya el día 2 de diciembre. Gran Bretaña, Francia, Sudáfrica, Canadá se dispusieron a ayudar a Finlandia enviando aviones de combate con sus pilotos. Estados Unidos aprueba el traspaso de millones de dólares, y los primeros voluntarios americanos embarcan en el puerto de Nueva York dispuestos a combatir por la libertad finlandesa. Una ola de anticomunismo sacude el mundo. Países sudamericanos proporcionan miles de toneladas en abastecimientos y pertrechos. El propio Mussolini envía 50 aviones Fiat y cientos de hombres a luchar en las filas finlandesas. Noruega y Suecia, por vecindad, fueron los países originarios del mayor número de voluntarios: 1000 noruegos y 9000 suecos engrosaron las filas antisoviéticas. Suecia además aportó un cuerpo sanitario con 150 ambulancias y una escuadrilla de aviones (12 cazas y 4 bombarderos).

Ambulancias de la ayuda norteamericana
Portada Life con pilotos voluntarios suecos
Cartel sueco pro-Finlandia
    
     El 14 de diciembre la Sociedad de Naciones expulsa a la URSS de forma contundente y solicita ayuda internacional para el país agredido. 

    Sin embargo Alemania, por mucho que simpatizara con Finlandia, se abstuvo de enviar cualquier ayuda. Hitler deseaba por encima de todo (de momento) mantener su pacto de no-agresión con Stalin, presionando incluso a Mussolini con el fin de bloquear el envío de la ayuda italiana, y amenazando a Suecia con la guerra si dejaba pasar tropas y material aliados que iban a ayudar a Finlandia. El gobierno sueco cedió a la presión nazi, ordenando la retirada de sus 9000 voluntarios y comunicando a los países aliados que denegaba el paso de material bélico por su territorio. En Finlandia ese gesto se interpretó como una traición y de nuevo creó una enorme desconfianza hacia sus antiguos colonizadores. 

Voluntarios suecos
    
      Franceses e ingleses se plantean entonces enviar hasta 200.000 hombres de refuerzo, asumiendo el riesgo de una guerra en dos frentes, alemán y soviético. Pero los condicionantes internacionales retrasan indefinidamente las decisiones. Noruega, viendo que las promesas aliadas no pasan de las palabras, y ante las presiones alemanas, declara a su vez su neutralidad en el conflicto. 

     Desesperado, Mannerheim anuncia a su gobierno que la defensa no puede mantenerse por mucho tiempo, sus tropas están agotadas. El ministro Ryti pide un armisticio, aceptado por el soviético Molotov el 26 de febrero. Las presiones aliadas para evitar tal acuerdo, y las últimas operaciones militares soviéticas para asegurarse territorios alargan la firma de la paz, que se estampa el 12 de marzo en Helsinki y definitivamente el 13 de marzo en Moscú.


Segunda fase de la ofensiva. El asalto final.  


Timoshenko



    El Cuartel General del Ejército Rojo -Stavka-, disgustado por la imposibilidad de perforar las defensas finlandesas, estudia cuidadosamente una nueva estrategia. Decide coordinar mejor las tres armas de tierra, mar y aire. La primera decisión es destituir a Voroshilov por su desastrosa primera fase, poniendo al mando al general Semión Timoshenko el día 7 de enero.


    A partir del 15 de enero la artillería soviética bombardea sistemáticamente las fortificaciones de la Línea Mannerheim, una por una, ataque al que no podía contestar la artillería finlandesa por su corto alcance. La infantería soviética ataca de noche para impedir que los defensores reparen los desperfectos en los bunkers. El 1 de febrero 400 tanques inician un ataque en el sector de Summa, remolcando trineos cargados de infantería y con un intenso apoyo aéreo. Los finlandeses no pueden aguantar dentro de los búnkers y se retiran a las frías trincheras exteriores. Durante 6 días seguidos los soviéticos repiten una y otra vez la misma táctica, y los defensores tienen que llamar a un batallón de refuerzo; estos novatos, desconocedores de la táctica rusa, se ven sorprendidos e incompresiblemente abandonan una parte del frente de Summa. Los tanques rusos aprovechan el hueco y, a pesar de denodados contrataques finlandeses, la brecha no puede cerrarse. Mannerheim autoriza la retirada táctica del sector hacia una posición intermedia. En otros puntos del asalto las defensas se mantienen, pero a costa de enormes esfuerzos y bajas. Los nuevos reclutas enviados al frente a toda prisa no son de gran ayuda, y las unidades de élite finlandesas están a punto del colapso por agotamiento. Pero lo más alarmante es la acuciante escasez de municiones.

Bombardeo nocturo entre posiciones, línea Mannerheim
cartel soviético anti finlandés

Tanque lanzallamas soviético asalto línea Mannerheim

Bombardeo soviético

    El 17 de febrero el mando finlandés ordena abandonar la línea Mannerheim hacia posiciones intermedias, a la espera de resistir todo lo posible aguardando que fructifiquen las negociaciones de paz. El 25 los rusos recrudecen los ataques. En algún sector hay compañías finlandesas a las que solamente quedan 50 hombres, que ceden ante el brutal empuje. Olquist lanza un contrataque con sus últimos 15 carros de combate, pero la mitad son destruidos y el resto se averían. Mannerheim ordena de nuevo la retirada hasta la última posición de defensa, la línea entre Viipuri y el río Vuosky, que alcanzan las vanguardias rusas el 29 de febrero. 


   
    El plan soviético para tomar Viipuri (Vyborg) era sencillo: atacar por tres sitios, uno a través del congelado golfo de Finlandia, tomando las defensas de la ciudad por la espalda y rodeando al III Cuerpo finlandés, impidiendo su retirada. Tanques ligeros rusos se aventuran a cruzar el hielo del golfo el 4 de marzo, y llegan a tener al alcance de sus cañones la carretera de Viipuri a Helsinki. Entre el 3 y el 5 de marzo los rusos atacan Viipuri de frente poniendo en riesgo la retirada del III Cuerpo, a punto de ser flanqueado. Olquist aguanta hasta el repliegue total, y finalmente el día 5 abandona la ciudad.


Esquiadores finlandeses en marcha hacia Viipuri

     Al noreste, en Tali, los defensores también corren el riesgo de verse superados por los flancos. Los soviéticos flanquean Tali el día 9 de marzo y avanzan progresivamente en una sola dirección, Helsinki. El día 12 detienen el ataque para reagruparse y avituallarse. Las divisiones finlandesas, reservas incluídas, apenas pueden ya defenderse, escasas de munición, agotadas y con la moral por los suelos.

Finlandeses en las frías trincheras
Tropas soviéticas con bandera ejército finlandés capturada

    Finalmente, tras un acuerdo previo en Helsinki  se firma el alto el fuego  y la paz el 13 de marzo en Moscú. Stalin impuso unas demandas territoriales mayores que las de noviembre, sabiendo que a los finlandeses no les quedaba otro remedio que aceptarlas: el estratégico istmo de Carelia más una enorme extensión al norte del lago Ladoga, la península de Rybachi, las islas del golfo de Finlandia y la cesión del cabo Hanko por 30 años para establecer una base naval. Estos territorios pasaron a formar parte de la Unión Soviética. En Laponia, los rusos devuelven Petsamo pero se reservan el libre acceso a la frontera sueca. 

Cesiones territoriales a la URSS, 13 marzo 1940
    

Conclusiones.

  Finlandia pierde de golpe el 10% de su territorio y el 20% de su capacidad industrial, a lo que se añade el problema de más de 400.000 refugiados provenientes de los territorios que pasan a soberanía soviética.

Niños refugiados de Carelia esperan transporte
Refugiados carelianos

    Por su parte Stalin accede a disolver el gobierno títere de Kuusinen, y a diferencia de Polonia y las repúblicas bálticas invadidas poco después, Finlandia conserva su independencia.


    Este conflicto de 105 días demostró que el oso soviético no era invencible, aunque Alemania sacó conclusiones demasiado precipitadas sobre las debilidades del Ejército Rojo, error que pagaría caro años después. El propio mando ruso aprovechó la lección para reestructurar sus ejércitos, mejorar y actualizar sus tácticas militares. Eso sí, a un precio humano altísimo, con más de 270.000 muertos y desaparecidos (Rusia nunca ha reconocido oficialmente el número exacto de bajas). Los finlandeses por su parte también sufrieron pérdidas considerables en proporción a su población: 24.000 muertos y 43.000 heridos, que derramaron su sangre por la libertad de su patria. Y todavía tendrían que sufrir más bajas durante la "Guerra de Continuación" (1941-1944).












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