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12 sept 2020

Franz Jägerstätter, el campesino austríaco que dijo no a Hitler

Franz Jägerstätter (1907-1943), mártir católico del nazismo.



     Franz Jägerstätter nació el 20 de mayo de 1907 en Sankt Radegundlocalidad muy próxima a la frontera alemana en la región de la Alta Austria. Hijo ilegítimo de Rosalía Huber, su padre biológico no pudo o no quiso reconocerlo. Se crió con su abuela materna Elizabeth, dentro de un entorno muy humilde y piadoso. Corría el año 1917, en un país sufriendo privaciones a causa de la Primera Guerra Mundial, cuando su madre se casa con Heinrich Jägerstätter, un agricultor pudiente que reconoce a Franz como hijo y saca a la familia de la pobreza. El adolescente se convierte en heredero de la granja de su padrastro. Por parte de su abuelo adoptivo también adquiere el placer por la lectura, incluyendo literatura religiosa. Se integra rápidamente en las actividades culturales y parroquiales de su pueblo. A los 20 años decide emplearse en la mina de hierro de Steiemark, donde el ambiente obrero materialista y anticatólico le provocan una crisis de fe y deja de asistir misa. Una pelea de taberna con unos Heimwehr (paramilitares nacionalistas) provoca su primer arresto. 


Franz (en moto), con su hermana, su madre y su padrastro.

     En 1933 desaparece de Sankt Radegund, avergonzado por la acusación de engendrar una hija ilegítima con una criada. La pareja no cuajó pero se separaron con buenas maneras y desde entonces nunca dejó de ayudar económicamente a la madre y su criatura, dando prueba de su alma bondadosa.
     Finalmente Franz regresa a su pueblo natal y experimenta un cambio en su vida interior; vuelve a acudir a los oficios religiosos con regularidad, cumpliendo con los preceptos católicos. Decide llevar una vida recta y piadosa e incluso valora tomar los hábitos, de lo que su sacerdote le desanima con el argumento de que debe hacerse cargo de la granja familiar y cuidar de sus padres. Sus familiares y amigos estaban asombrados por el cambio.
     En 1935 conoce a Franziska Schwaninger ´Fani´, hija de un granjero de una localidad vecina. Franziska también era una mujer cristiana y muy devota; el flechazo es mutuo, se comprometen y contraen matrimonio el Jueves Santo de 1936. 

Foto boda Franz y Fani.
     Viajan a Roma en su luna de miel donde reciben la bendición del Papa Pío XI, y a partir de entonces dan un giro espiritual y más religioso a sus vidas: asisten a misa diaria y rezan juntos en su hogar con la Biblia como libro de cabecera. Fruto del matrimonio nacen tres hijas, Rosalia (1937), Maria (1938) y Aloisia (1940). Franz le escribiría a su esposa: "Nunca hubiera imaginado que estar casado pudiera ser algo tan hermoso."

La reacción al Anschluss 


     En marzo de 1938 Hitler cumple con su plan de anexionar Austria al III Reich -Anschluss-. Jägerstätter muestra su preocupación al ver que la gran mayoría de sus vecinos y conocidos aplauden la invasión y se integran rápidamente en las filas nazis. Siguiendo las indicaciones del obispo de Linz, que considera la neo-pagana doctrina nazi incompatible con la católica, se muestra abiertamente contrario a la fusión, abandonando incluso la Asociación Nacional de Agricultores Austríacos por su tibieza frente al nazismo. En abril Hitler consulta a la población austríaca en un plebiscito sobre su integración en el Reich: el 99,7% de las papeletas fueron para el SI (el voto no era secreto, había que rellenar la papeleta delante de oficiales pro-nazis que lo introducían en la urna). En una actitud valiente y coherente con su pensamiento, Franz Jägerstätter fue el único de su pueblo en votar NO.
     Una vez integrados en el Reich alemán, todos los austríacos en edad militar quedaban sujetos al alistamiento militar, y en 1940 llega la primera llamada a filas para Franz; lo destinan a una formación motorizada en Branau, donde pasa unas semanas de entrenamiento y formación.


Franz, 3º por la izq. en su primer destino en el cuerpo motorizado.

De uniforme, con su familia,
     Las autoridades de su comuna consiguen que le eximan del servicio por ser cabeza de familia con tres niñas pequeñas, una de ellas recién nacida. En cuando Franz y su esposa deciden ingresar en la Orden Franciscana Seglar. A finales de año llega de nuevo otra orden de alistamiento, siendo esta vez destinado al cuartel de gebirgsjägers de Enns; nuevamente los dirigentes de su comuna interceden por él y consiguen su regreso al hogar a principios de 1941. 
    La familia Jägerstätter consigue vivir dos años de relativa tranquilidad, aunque siempre temiendo la llegada de una nueva misiva de la Werhmacht. Aunque Franz ya había tomado una decisión: -´Si me vuelvan a llamar, no acudiré´ le dice a su esposa. Tras una larga y prudente reflexión había llegado a la conclusión de que no serviría más en las fuerzas armadas nazis; siguiendo sus creencias, pensaba que colaborar en esa guerra injusta era cometer pecado mortal.

Franz Jäggerstater en un bosque austríaco


Tiempos de contrariedad y vida religiosa



     En los meses siguientes Franz Jägerstätter participa activamente en todas las actividades religiosas de su parroquia; llega un nuevo cura al pueblo (el anterior había sido apartado por las autoridades debido a sus prédicas pacifistas y antinazis) que le nombra sacristán y formador de catequistas y monaguillos. Reza activamente con sus parroquianos, participando en varios ayunos y vigilias por la paz.
     Sus contradicciones internas le atormentaban día a día; consideraba que tomar las armas y participar en la guerra de Hitler iba en contra de sus principios cristianos, y no reparaba en hacer públicas sus opiniones pacifistas. No por ello dejaba de ser consciente que negarse a la llamada del ejército alemán suponía la más que probable pena de muerte por traición, decisión que le llevaba a tener discusiones con amigos, con su madre y con su esposa; le imploraban que aceptara unirse al ejército cuando le llamasen, para ahorrar sufrimiento a su familia. Su párroco intentaba convencerle de que no cometía pecado yendo a la guerra por causa de fuerza mayor. Jägerstätter le escribió contestando: <<¿Acaso no es lo mismo ir a una guerra justa que a una guerra injusta? ¿Hay algo peor que asesinar a otros hombres que también defienden su patria, solo por el hecho de colaborar a establecer el poder ateo de un imperio sin Dios?>>. A pesar de su cerrazón, unos y otros intentaban persuadirle por todos los medios. Su postura llegó a oídos del jefe de policía de la región, conocido suyo. Le conminó a aceptar vestir el uniforme feldgrau en una unidad de retaguardia a donde lo destinaría gracias a su influencia.
      Pero la decisión de Franz era inamovible: tenía todo el convencimiento que unirse a la guerra de Hitler era contrario a sus creencias. Para él ni siquiera era cuestión de objeción de conciencia, era una profunda cuestión de fe.
     Se entrevista con el obispo de Linz, el cual le apremia a cambiar de opinión, argumentando que un ciudadano de a pie no es quién de plantearse si la guerra es justa o no, y que Franz se debe al cuidado de su familia. Jägerstätter esperaba una reacción menos tibia del obispo contra los nazis, llegando a creer que le podría haber tomado por un informador al servicio de los alemanes.

Detención y condena


     En febrero de 1943 Goebbels proclama la "guerra total" para todo el Reich, lo que entre otras resoluciones implicaba la llamada a filas a todos los reservistas. 
    Inevitablemente a Franz le llegó la temida carta de alistamiento; firmando el acuse de recibo ya era consciente de lo que se le venía encima, a él y a su familia. El 4 de marzo se presenta en el cuartel de Enns, en donde se niega a prestar juramento a Hitler, alegando "oponerse a realizar servicio militar armado... impedido por su conciencia religiosa... no lucharía por un régimen nazi... no se puede ser nacionalsocialista y católico al mismo tiempo... respetar el mandamiento de ´Amarás a tu prójimo como a tí mismo´... sin embargo estaba dispuesto a prestar servicio como auxiliar sanitario".
     Es detenido de inmediato y confinado en la prisión militar de Linz, donde durante 2 meses le presionan y torturan para forzarlo a retractarse. A principios de mayo se le traslada a la cárcel de Plötzensee, en Berlín. Pide ser admitido en el servicio sanitario, pero le deniegan la solicitud. Finalmente, el 6 de julio 1943 un tribunal militar condena a muerte a Franz Jägerstätter por "socavar la moral castrense y renunciar a los honores del ejército y de los derechos civiles."
    El día 13 de julio autorizan a su esposa Franziska a un vis a vis de 20 minutos, acompañados del párroco de Sankt Radegund, que intenta una vez más el cambio de postura del reo, pero en vano. Así, al terminar el tiempo de visita, el sacerdote le dijo: "No tienes que inquietarte por estar cometiendo pecado. Solo sigues el dictado de tu conciencia y eso es bueno". Fani y Franz se abrazan por última vez.

Sus 3 hijas con mensaje "Querido padre, vuelve pronto". Foto recibida por Franz en la cárcel.

     Recibe también la visita final del capellán de la prisión, que procura elevar su ánimo contándole que un año antes otro sacerdote llamado Franz Reinichs Palotino fue igualmente condenado a muerte por negarse a prestar servicio militar. Esa anécdota reconforta a Jägerstätter y refuerza su moral cristiana. La eucaristía, una biblia y una foto de sus hijas son los pilares que le sostienen en sus últimos días.

     El 8 de agosto se le traslada a la prisión de Brandenburgo, donde esa misma noche un guardia le entrega un lápiz y papel para que escriba su última carta. En un postrero intento de las autoridades por evitar la sentencia, el capellán de esa cárcel le entrega un documento que solo tenía que firmar para salvarse. 
"Padre, no puedo hacer eso" le dijo Franz.

     El 9 de agosto, a las 4 de la tarde, Franz Jägerstätter es decapitado en la guillotina. Tenía 36 años. Se ordenó incinerar el cuerpo, pero la orden fue incumplida y 3 años después se consiguió que sus restos fuesen depositados en el cementerio de Sankt Radegund, junto a los de otros caídos durante la Segunda Guerra Mundial.

   Su historia pasó casi desapercibida durante dos décadas, hasta que Gordon Zahn la descubrió mientras escribía su libro Los católicos alemanes y las guerras de Hitler”
En 1964 publicó su biografía, que tituló “In Solitary Witness”
   Gracias a esta publicación la Iglesia Católica reconoció la objeción de conciencia en el Concilio Vaticano II. 
En 1997, un juzgado de Berlín declaró nula su sentencia de muerte.



Beatificación

Tumba de Franz Jägerstätter

     El 26 de octubre de 2007, día nacional de Austria, Franzisca con 94 años y otras cinco mil personas participaron en la liturgia de beatificación de Franz.
Veintisiete cardenales y obispos de Austria y otros países participaron en una ceremonia televisada a todo el país.  

    En el acto se leyó una carta del Papa Benedicto XVI. Uno de sus párrafaos decía así: "Entregó su vida en magnánima negación de si mismo" 

  En el cine  

   El director Terrence Malik (La delgada línea roja) realizó un biopic sobre Franz Jägerstätter, una cinta que trata los conflictos internos y contradicciones que provoca el pacifismo en tiempos de guerra, de un antihéroe que alzó su postura contra el nazismo en una época y lugar donde prácticamente nadie se atrevió a hacerlo. La película se iba a titular Radegund, aunque finalmente se tituló A Hidden Life - Vida Oculta (2019). 






Fuentes:
https://www.dioezese-linz.at/site
http://www.vatican.va/news_services/liturgy/saints/ns_lit_doc_20071026_jagerstatter_en.html
http://www.corazones.org/santos/franz_jagerstatter.htm
https://es.wikipedia.org/wiki/Franz_J%C3%A4gerst%C3%A4tter
sitios públicos de internet

2 nov 2016

Hans Joaquim Marseille, la Estrella de África.




El as de la Luftwaffe en el Norte de África.



    <<Marseille fue un virtuoso sin rival entre los pilotos de caza de la Segunda Guerra Mundial. Sus logros, considerados como imposibles, todavía no han sido superados por nadie>> Adolf Galland, general de la Luftwaffe, en sus memorias.
    
    Hans Joaquim nació en Berlín el 13 de diciembre de 1919, con el apellido Marseille de su familia paterna, hugonotes franceses que generaciones antes se habían refugiado en tierras germanas de la persecución religiosa. Su padre Siegfried Marseille, combatiente de la Primera Guerra Mundial, alcanzó el grado de Generalmajor de la Wermacht en 1941 (murió en un ataque de partisanos en Bielorrusia, enero de 1944) 

    A pesar de pertenecer a una familia de abolengo militar tenía aversión por el mundo castrense, la marcialidad y los uniformes. Al divorciarse sus padres se quedó con su madre, que lo introdujo en el gusto por la cultura y la música en particular. Pero desde muy joven sentía la pasión de volar, para lo cual en la Alemania de la época había que ingresar en la carrera de las armas; en 1938 cumple su servicio militar obligatorio en el Servicio del Trabajo del Reich, y poco después se enrola en la Luftwaffe donde recibe las primeras instrucciones en un tiempo todavía de paz. En la escuela de vuelo de guerra Luftkriegsshule 4 ya comienzó a demostrar su rebeldía e indiferencia hacia la disciplina; numerosas ausencias nocturnas regresando ebrio al cuartel, faltas varias y arriesgados ejercicios de vuelo que no estaban en el programa estuvieron a punto de arruinar su carrera. Pero era hijo de un alto oficial, y sus instructores apreciaban en él un gran potencial como piloto, lo que le permitió terminar la instrucción. Cuando estalla la guerra en septiembre de 1939 ya estaba casi listo para el combate, completando su formación en la Jagdfliershule 5, que dirigía el as de la I Guerra Mundial E. Ritter von Schleich, donde finalmente consigue graduarse con una nota de sobresaliente, aunque debido a sus castigos y arrestos no le entregan el despacho de alférez hasta agosto de 1940. 




La Batalla de Inglaterra. Primeros combates.




    En ese mismo mes de agosto es destinado al grupo de caza operacional Jagd/LG2 en Mark, Pas de Calais, durante los inicios del ataque aéreo a Inglaterra. El día 24 tiene lugar su bautismo de fuego sobre el canal de la Mancha, derribando su primer avión enemigo, con la muerte del piloto inglés en su salto al mar. Marseille no parece sentir alegría en esa primera baja, anotando su tristeza sobre esa primera muerte en una carta enviada a su madre. En poco más de un mes consigue cinco derribos, pero el 23 de septiembre tiene que hacer un aterrizaje de emergencia en la playa francesa de Wissant con su Bf109E muy dañado por los combates. El 28 de septiembre consigue su 7º derribo enemigo, pero a la vuelta de una misión de escolta a bombarderos su avión cae al mar debido a los daños sufridos. El piloto sobrevive durante 20 minutos en las frías aguas del canal hasta que lo rescata un hidroavión de la Luftwaffe. Agotado y con hipotermia es ingresado en un hospital de campaña. 



   Durante la recuperación Marseille hace gala de su gusto por las salidas nocturnas, el alcohol y los líos de faldas. Su escasa disciplina y laxa uniformidad le acarrean varios arrestos. Reasignado en octubre al Jagdgeschwader 52, en su nuevo destino demuestra una excesiva apuesta por las acciones individuales (prohibidas en la Luftwaffe), así como por arriesgadas maniobras de ataque o de evasión con los aviones ingleses. Acaba destrozando cuatro aparatos. Todo ello acaba con la paciencia de su jefe de unidad que acaba ordenando su traslado al Jagdgeschwader 27, en Cherburgo. Su nuevo comandante de grupo, el mayor Neumann reconoce inmediatamente su gran habilidad como piloto. Instintivamente le concede un margen de confianza, esperando que finalmente Marseille demostrase ser un buen piloto alemán.


Norte de África. El inicio de la leyenda.



   Llegado abril de 1941, el JG 27 sirve brevemente en la campaña de los Balcanes, antes de dividir sus grupos en dos escenarios de la guerra. Los II/JG 27 y III/JG 27 son destinados al frente central de la Operación Barbarrosa, la invasión de la URSS. Por contra el I/JG 27 de Marseille se traslada al norte de África como apoyo aéreo del Áfrika Korps el mismo 20 de abril. Su primer vuelo entre Trípoli y la base de Gazala resulta accidentado, teniendo que hacer un aterrizaje forzoso en el desierto por avería; en una rocambolesca travesía por el desierto, incluído un incidente con aliados italianos, consigue que todo un general alemán le ceda su coche con chófer para llegar a su destino.
 - "Me debe 50 derribos, Marseille" parece que le dijo el general. Mal sabía el oficial que el joven piloto superaría con creces esa cifra. Se fraguaba la leyenda. 


    Consigue sus primeros derribos africanos el 23 y 28 de abril. Aunque el propio día 23 él mismo es derribado en su segunda salida por el piloto de la Francia Libre James Denis, que volaba en un Hurricane de la RAF. El día 27 el mismo Denis derriba de nuevo al alemán, que se salvó por centímetros de las balas. Marseille no termina de acostumbrarse a su nuevo destino, destroza 4 aviones, más otro de prueba. Viendo que su comandante estaba perdiendo la paciencia, decide aplicarse y desarrollar un programa de autoaprendizaje: mejora los aspectos tácticos y también los físicos con un ciclo de ejercicios para mejorar su musculatura (los pilotos sufrían la gran fuerza de gravedad y los bruscos cambios de sentido y velocidad). Elaboró una táctica de ataque que favorecía su arrojo y su extraordinaria puntería, que consistía en disparar al avion enemigo con gran ángulo de deflexión, muy por delante del morro del aparato contrario hasta coincidir con la trayectoria de las balas. Su puntería y pericia le permitían acertar solamente con una corta serie de 15 disparos. Tanto mejoró esta táctica que sus compañeros le consideraron un auténtico maestro en el tiro con deflexión. Jochim incluso renunció a usar gafas de sol, para acostumbrarse a la deslumbrante luz del desierto y tener una mejor visión. También desarrolló la habilidad de introducirse en la formación defensiva de los cazas aliados llamada "formación en círculo", creada a finales de la I Guerra Mundial; Marseille se colaba a toda velocidad en el centro de dicha formación y con su efectivo tiro de deflexión derribaba un aparato tras otro en ajustadas pasadas.


    Uno de sus compañeros declaró años más tarde: "Marseille pudo concentrarse en el combatir debido a la falta de chicas, bares y demás distracciones que no había en África"

    Con estas mejoradas tácticas los derribos fueron llegando poco a poco. En julio es ascendido a Leutnant y el 24 de septiembre consigue su primera victoria múltiple en una misión, derribando cuatro Hurricanes de la SAAF (fuerza aérea sudafricana). El "amarillo 14", su Messerschmitt Bf109F, empieza a ser temido entre los pilotos aliados. Con 25 victorias confirmadas, en noviembre Marseille y su escuadrilla son enviados a Alemania para familiarizarse con el nuevo Bf 109F-4/Trop, un modelo adaptado a las condiciones de vuelo en el desierto.

    


Ascensos y peculiar vida social.


   La estrella de Marseille ya comenzaba a brillar en los medios alemanes, la propaganda nazi comienza a usar sus éxitos para galvanizar la moral de la tropa. Su fama en el norte de África se estaba acercando a la de Rommel, el Zorro del desierto. En febrero de 1942 se había comprometido con Hanne-Lies Küpper, una joven maestra de Berlín para sorpresa de los que le conocían su fama de mujeriego. 


   
   Los buenos resultados como piloto de caza le permiten ascender a Oberleutnant, y poco después es nombrado jefe de la 3ª escuadrilla del JG 27. A finales de junio se vuelve a Alemania con dos meses de permiso tras haber conseguido su derribo número 100. En agosto viaja con su novia hasta Roma, donde Benito Mussolini le condecora con la Medaglia d´Oro, la más alta al valor para un militar italiano.
 


    A pesar de que el Afrika Korps ya no estaba en sus mejores días, Marseille no dejaba de incrementar sus victorias. Su talento despertaba pasiones entre sus compañeros y también entre miles de seguidoras en Alemania enhardecidas por una propaganda idealista del departamento de Goebbels; cientos de cartas de admiradoras llegaban regularmente al escuadrón de Marseille, para su divertimento y el de sus camaradas. La vida en el norte de África era dura para estos pilotos, en constante desgaste por los combates y cada vez más presionados por la superioridad material aliada, pero Jochem se permitía dar ciertos gustos, apoyado por su prestigio y status cada vez más cercano al de un héroe. En tierra tenía una actitud bohemia aderezada por su nada ortodoxo alojamiento, una tienda informal llena de sofás, sillones y mesas hechos con telas de lona, cajas y cartones de intendencia, en donde destacaba un bar bien provisto atendido por un negro sudafricano, prisionero de guerra, llamado Matthias y que llegó a ser gran amigo y confidente suyo, para escarnio de la política racial nazi. Altos oficiales alemanes e italianos -generales incluídos- se rifaban la fabulosa hospitalidad de Marseille en su cubil del desierto, aunque muchos tenían que tolerar a regañadientes el ser atentidos por un hombre de raza negra.






Un día de gloria.




     El 1 de septiembre de 1942, de regreso al desierto libio, el teniente Marseille logra una de las grandes hazañas bélicas de la Segunda Guerra Mundial, en un cielo norteafricano que entonces que ya empezaban a dominar los aparatos aliados, que ya estaban venciendo en la batalla de El Alamein. Durante varias salidas hechas ese día consigue derribar nada menos que 17 aparatos enemigos, ocho de ellos en tan solo 10 minutos. 
     A las 07:30 su escuadrilla despega con la orden de escoltar una misión de bombardeo de Stukas hacia el sur. Al poco de despegar se enfrentan al ataque de unos P-40 Tomahawk ingleses, de los cuales Marseille logra abatir a tres. A la vuelta de la misión otros seis Spitfire aparecen amenazantes en el cielo; en una arriegada maniobra con súbitos giros y cambios de sentido el as alemán derriba un Spifire. 
     A las 9:15 Marseille vuelve a su aeródromo para reponer combustible y municiones, felicitado por el personal de tierra por sus cuatro victorias de la mañana.
     Nuevamente recibe orden su escuadrilla de escoltar a los Stukas en un ataque a Alam el Halfa, en territorio egipcio. En pleno vuelo aperciben dos formaciones de bombarderos aliados escoltados por sus correspondientes cazas. Ocho P36 Hawk de esa escolta se dirigieron hacia los Stukas, enfrentándose directamente con la escuadrilla de cazas alemana. Viendo lo que se les venía encima formaron el círculo defensivo típico de los aliados, pero Marseille era especialista en desarmar esa defensa: redujo la velocidad y se introdujo en el círculo derribando dos aviones en apenas dos minutos. Los cazas aliados se dispersan intentando volver a formación cerrada; Marseille los persigue y en un descenso gradual de dos mil quinientos metros consigue ametrallar y destruir a cuatro más. Sus propios compañeros no daban crédito a lo que estaban observando: ocho rivales abatidos en 10 minutos. 
     Regresando con su pareja de vuelo hacia el oeste aparecen por debajo de ellos otros cazas aliados que volaban en sentido contrario. No vieron a los alemanes que se dirigieron hacia ellos a toda velocidad; bajo los cañones de Marseille otro P36 más estalla en vuelo. 
     Pocos minutos después vuelven a apercibir un Tomahawk averiado dejando una estela blanca y que intentaba volver a su base. Sin pensárselo Marseille lo atacó por detrás viendo como su fuselaje se desintegraba bajo sus balas. 

     Hacia el mediodía regresan a su base, a donde había llegado el mariscal Kesselring. Marseille le saluda y le informa de las misiones de su escuadrilla esa misma mañana, con doce derribos.
- ¿Cuántos de ellos son suyos, Oberleutnant? preguntó Kesselring.
- Doce señor, contestó Marseille al mariscal que tuvo que sentarse de la impresión.

     Tras un descanso de un tórrido día norteafricano, a las 17:00h despegó en su tercera misión, esta vez era la de escoltar una escuadra de JU-88 hacia un bombardeo a El Imayid, al este de El Alamein. En plena vuelo una formación de quince Hurricanes se lanzan hacia los bombarderos; Marseille y su escuadrilla se introducen entre ellos y en un combate de pocos minutos consigue derribar a cinco aviones enemigos más, en cotas de entre mil quinientos y cien metros de altura. El resto de la formación aliada se dispersa sin presentar más batalla.

     Con esas 17 victorias aéreas del 1 de septiembre Marseille consigue una hazaña singular,  convirtiéndose en el piloto del frente occidental con récord de derribos en un solo día (todo ello está convenientemente confirmado y documentado por testigos en los correspondientes informes de la Luftwaffe). Y lo más importante, se convierte en leyenda, tanto para sus compatriotas como para sus enemigos.

     Hasta finales de septiembre logrará cincuenta y cuatro derribos más.










     Pero la superioridad aliada en material era cada día más evidente, los pilotos alemanes se veían superados y agotados por las innumerables salidas y misiones a realizar. Con poco más de un centenar de aviones tenían que hacer frente a una fuerza aérea aliada compuesta por más de 800 aparatos. La tensión era enorme y el propio Marseille, entre la sobreexcitación por sus triunfos y fisicamente al límite por los combates, se encuentra al borde del colapso sin apenas poder descansar. La suerte no iba a durar mucho.

Accidente mortal


     Con 22 años Hans-Joaquim Marseille era la´Estrella de África´, 158 derribos lo consagraban como un as de la Luftwaffe. La experiencia de combates día tras día le habían hecho aflorar habilidades innatas como piloto de caza. Se propuso transmitir experiencia y métodos a sus compañeros de escuadrilla pero sin demasiado éxito; pocos de ellos lograrían siquiera acercarse al nivel de Marseille. 




     Los altos mandos no paraban de felicitarle, y el 16 de septiembre logra un anticipado ascenso a Hautpmann, siendo el capitán más joven de la Luftwaffe. La prensa de guerra y los medios nazis le seguías con pasión, tanta fama parece que llegó a molestarle creyendo que finalmente lo apartarían del frente, de sus camaradas y de su amigo Matthias para destinarlo a Alemania. 



     A pesar del agotamiento crónico no quería dejar de volar, aunque entre los días 16 y 25 tuvo que quedarse en tierra forzado por una fractura en un brazo. El 26 de septiembre consigue su derribo 158, pilotando el nuevo Me- Bf109/G en contra de su voluntad; los pilotos del 3/JG27 no se fiaban del nuevo modelo criticando fallos en el motor, pero una orden del mismísimo mariscal Kesselring zanjó el asunto.



     La escuadrilla estuvo descansando hasta el día 30, cuando se le ordenó hacer un vuelo de escolta hacia terreno conquistado por los aliados, en el que no hubo contacto con el enemigo. Durante el regreso de la misión, sobre las 11:35h un repentino humo negro comenzó a salir de la cabina del avión de Marseille, cegando y asfixiando al as berlinés. Alertó por radio a sus camaradas, y dos de ellos le guiaron hasta sobrevolar líneas alemanas. A falta de diez minutos para llegar al aeródromo de destino Marseille exclamó a sus guías: - "No puedo aguantar más, tengo que saltar". Éstos apartaron sus aparatos para dejarlo maniobrar e invertir su avión tras abrir la cabina cumpliendo con el procedimiento. Pero cegado por el humo negro se demoró en el salto, y en segundos el caza entró en un peligroso picado a unos 600 km/hora.
Cuando consigue salir de la cabina y saltar la velocidad del picado hace que su cuerpo impacte con fuerza contra el alerón de cola. Puede que el golpe le dejase inconsciente o directamente le produjera la muerte, ya que su cuerpo se precipitó directamente a tierra. Cuando encuentran su cadáver, a 7 kilómetros al sur de Sidi Abdel Rahman, comprueban que ni siquiera intentó tirar de la manija de apertura de su paracaídas. Su reloj de pulsera se hallaba parado en las 11:42 a.m.


     Había muerto la leyenda. La "Estrella de África" se había apagado a los 22 años de edad, manteniéndose invicto hasta el final. Esperaba casarse con su prometida en el mes de diciembre.

     El mortal accidente tuvo un tremendo impacto entre sus compañeros, cuya moral jamás se recuperó; en las semanas siguientes varios pilotos fueron abatidos en combate y la escuadrilla ya no volvió a ser la misma de los éxitos fulgurantes liderada por el maestro.



     El capitán Hans-Joaquin Marseille fue enterrado en el cementerio de Derna, en un numeroso sepelio encabezado por Kesselring y Neumann, que pronunciaron los elogios fúnebres.

     En años posteriores sus restos fueron transferidos al memorial alemán de Tobruk, Libia. Finalmente en 1989 se colocó una lápida y una placa nuevas en un acto al que asistieron compañeros supervivientes, incluído su fiel amigo Mathew Letulu "Mathias". 


     En el lugar de su mortal caída todavía se puede visitar una pirámide homenaje levantada entonces por sus aliados italianos en su memoria.

Condecoraciones




-Cruz de Hierro de segunda clase (por dos victorias aéreas).
-Cruz de hierro de primera clase (por cuatro victorias aéreas).
-Copa de Honor de la Luftwaffe.
-Cruz Alemana en Oro (por sus primeros veinticinco derribos). Impuesta por el Generalfeldmarschall Albert Kesselring.
-Cruz de Caballero de la Luftwaffe (por lograr cincuenta derribos). Impuesta por Albert Kesselring.
Medalla de Plata italiana al valor militar.
-Espadas para la Cruz de Caballero con Hojas de Roble (por lograr cien derribos), entregada por Hitler en su Cuartel General de Rastenburg.
-Piloto-Obervador en Oro con Diamantes, impuesta por Hermann Göring
Medaglia d´Oro, la más alta condecoración italiana al valor, impuesta por Benito Mussolini en Roma.
-Frontflugspange en Oro. Broche de vuelo de la Luftwaffe (por llegar a 300 vuelos)
-Cruz de Caballero con Hojas de Roble, Espadas y Brillantes (solamente 27 oficiales la recibieron durante la guerra). Hitler tenía prevista entregársela ese mismo año, pero la muerte del piloto impidió el acto. La condecoración nunca fue entregada a su familia, a pesar de figurar así en el reglamento.


-Áfrika Ärmelstreifen (cinta del puño), a título póstumo.


Video

"Rumba Azul", su tema musical preferido.


https://www.youtube.com/watch?v=gOECEkUHR10



Fuentes:
Exordio
Wikipedia
Extractos de la biografía del Mayor Robert Tate (USAF)
Extractos del libro ´Luftwaffe Aces´(Raymond Toliver, Trevor Costable)
Extractos del libro ´The Star of Africa´(Colin Heaton, Anne-Marie Lewis)
El País