Segunda Guerra Mundial 1939-45 | Guerra Civil española | Primera Guerra Mundial 1914-18 |
Grandes y pequeñas historias de los mayores conflictos del S. XX
Los coloniales de Francia en la Gran Guerra 1914-1918
ÁFRICA
Los magrebíes
En vísperas de la Gran Guerra las tropas auxiliares indígenas ya acompañaban a las unidades de la metrópoli de la ´Armée d´Afrique´ (legión extranjera, zuavos, infantería ligera y cazadores de África). Se potenciaron unidades de tiradores, ´goumiers´ y ´spahis´ (cipayos) entre las diversas tribus y etnias de la colonias francesas del Magreb y en 1913 a participaron en el desfile de la fiesta nacional del 14 de julio en París, representando a las tropas coloniales provenientes del imperio en una fuerzas armadas que proyectaban un probable conflicto europeo.
´Spahis´argelinos desfilan en París (1914)
Nada más iniciada la guerra las tropas del norte de África se hicieron cargo de las operaciones en Marruecos y garantizaron la soberanía francesa sobre Argelia. Varios regimientos de marcha se hicieron rápidamente operativos para responder a la orden de movilización general. Los primeros norteafricanos llegan a Europa entre agosto y septiembre de 1914: veinticinco mil argelinos, la mayoría voluntarios, ubicados en el frente nordeste.Son los primeros combatientes de los 170.000 que aportará Argelia a lo largo de toda la guerra, donde estaba regulado el alistamiento; pero las necesidades de una guerra total obligaron en ciertos momentos al reclutamiento forzoso de miles de soldados, lo que que provocó protestas y varias revueltas en el país. Túnez y Marruecos también aportaron su correspondiente contingente humano al conflicto: 62.000 tunecinos y 37.000 marroquíes combatieron en los frentes franceses o en los frentes orientales. Nada más llegar a suelo francés en septiembre de 1914, cinco batallones de cazadores indígenas son reasignados con urgencia en una brigada marroquí y arrojados a la batalla del Marne. Los supervivientes de la brigada integraron más tarde el 1er. regimiento de tiradores marroquíes.
Tiradores marroquíes en la prensa
Postal de guerra con marroquíes
Las enormes necesidades humanas a lo largo del conflicto forzaron la constitución de nuevas unidades del Ejército de África. Hasta el año 1918 se crearon siete regimientos más de infantería de marcha solo con magrebíes y dos regimientos mixtos con zuavos y tiradores.
Batallón tiradores argelinos parte para Francia
´Spahis´argelinos escoltando columna de prisioneros alemanes
El Ejército de África también aportó a partir de 1915 gran parte de las tropas enviadas a luchar contra los turcos en los Dardanelos, y posteriormente contra los alemanes, austríacos y búlgaros del Eje, integrados el cuerpo expedicionario de oriente. Protagonizaron hechos destacados: en 1918 la 1ª brigada de tiradores marroquíes reforzada con dos escuadrones de cipayos atacó el flanco de cuerpo de ejército alemán de Von Kluck forzando su retroceso; la brigada Jouinot-Gambetta, formada con dos regimientos de cazadores africanos y el 1er. regimiento de cipayos marroquíes toma la ciudad de Uskub (hoy Skopje). Poco después Bulgaria solicitó el armisticio; en 1917 el destacamento francés palestino-sirio encuadrado en el ejército británico de Allenby, participa en la toma de Damasco con sus cazadores, tiradores y cipayos norteafricanos, que fueron posteriormente enviados al Líbano.
Bandera y soldados condecorados del 7º Rgto. tiradores argelinos
Tiradores marroquíes
Las unidades de infantería magrebíes fueron de las más nombradas con honor en los partes de guerra de las fuerzas armadas francesas, logrando cientos de condecoraciones, pero con unas cifras de muertos o desaparecidos que llegaron a los 25.000 entre los argelinos, 12.000 los marroquíes y 10.000 los tunecinos, además de las decenas de miles de heridos e inválidos por lesiones de combate.
El general Joffre condecora miembros regimiento colonial marroquí
Además de las aportaciones de hombres para la milicia, cinco millones de magrebíes contribuyeron al esfuerzo de la guerra, tanto en labores industriales como agrícolas.
Los senegaleses
Tiradores senegaleses desfilando en París
Se les atribuyó el nombre genérico de senegaleses a todos los africanos negros reclutados en el África occidental francesa (AOF), ya que aunque Senegal era uno de los territorios de referencia (más amplio que el actual), también incluía hombres provenientes del sur del Sahel, los entonces Costa de Marfil, Dahomey, Sudán francés y Guinea francesa en su mayoría, sin descartar a otros del África Ecuatorial francesa (AEF) con territorios en el Congo y al este del lago Chad.
Poco antes del comienzo de la guerra había un total de 35 batallones con 30.000 tiradores repartidos en todas las colonias francesas africanas: 2 en Argelia, 13 en Marruecos, 1 en Madagascar, cuatro regimientos de 3 batallones cada uno en el África Oriental más 2 en reserva, un regimiento de tres batallones en el Chad y otro regimiento de dos batallones en Gabón.
Senegaleses hacia el frente aclamados por mujeres francesas
En 1914, entre agosto y septiembre, 10 de esos batallones son enviados al frente europeo con resultados desiguales. A pesar del heroísmo de los veteranos tiradores provenientes de los batallones de Marruecos, la inexperiencia del resto causa una enorme cantidad de bajas, incrementadas por diversas patologías infecciosas que sufrían los africanos debido a las condiciones climáticas. En diciembre participan en los choques de Ypres y Dixmude en los que pierden un tercio de los efectivos; ello provoca la retirada del frente de los batallones senegaleses, que se acuartelan en el sur de Francia y en campos argelinos.
Coraceros franceses con senegaleses, 1914
Pero el devenir de la guerra provoca más y más demanda de combatientes y el continente africano no es ajeno a la llamada. Nuevos reclutamientos consiguen que en 1917 se alinearan en Francia 80 batallones de tiradores senegaleses, entre los que luchaban en el frente y los que servían de apoyo en retaguardia. A mayores se crea un cuerpo expedicionario para el frente de Europa Oriental, en el que participan 18.000 tiradores negros.
Revista de tropas senegalesas del presidente Poincaré
Entre abril y mayo 35 BTS participan en las inútiles ofensivas del Aisne y de Chemin de Dames, sufriendo de nuevo terribles bajas cercanas al 50% de los efectivos. Llegado 1918 Clemenceau encarga al diputado africano Blaise Diagne la misión de conseguir más reclutas en África; el ejército francés estaba al límite de sus esfuerzos y necesitaba más hombres para la batalla, a pesar de la llegada de los norteamericanos. Diagne realiza una gira por el África negra francesa, consiguiendo 70.000 hombres a pesar de numerosas revueltas que estallaron contra los alistamientos forzosos. En marzo de ese año los 40 BTS que estaban en Francia sufren con muchísimas bajas el tremendo golpe sorpresa de la última ofensiva alemana, aunque buen número de ellos participan heroicamente en la defensa de la ciudad de Reims, que logran salvar en julio.
Desfile triunfal de batallones tiradores senegaleses
Medallas militares para heridos de guerra senegaleses
Al finalizar la guerra se habían reclutado 183.000 tiradores para los batallones senegaleses, de los que 134.000 fueron mandados a Europa y el Magreb; se contabilizaron alrededor de 29.000 muertos o desaparecidos y 36.000 heridos, es decir la mitad de los efectivos destinados.
Los somalíes
Insignia del Rgto. somalí
El batallón somalí se crea en Madagascar en mayo de 1916, con elementos reclutados en Somalia, las Comoras y el cuerno de África. Son llevados a Francia en junio ya con el nombre formal de 1er. Batallón de tiradores somalíes. Destinados a la reparación de carreteras sus integrantes rechazan los trabajos, a los que únicamente regresan bajo promesa de que pronto se les enviará al frente a combatir. Tras varias protestas, en octubre se decide convertir el batallón en una unidad de refuerzo al prestigioso regimiento de infantería colonial marroquí, con el que entra en combate el 24 de octubre por primera vez, en el destacado asalto al fuerte Douaumont. Como la recuperación del fuerte tiene una gran repercusión, la bandera del regimiento marroquí obtiene la Cruz de la Legión de Honor, y dos compañías somalíes obtienen la Cruz de Guerra. En mayo de 1917 participan en la sangrienta batalla del Chemin des Dames, y posteriormente en octubre de 1917 también en la victoria de la batalla de Malmaison, siempre dentro del regimiento marroquí, obteniendo varias menciones en el parte de su división.
Ya en mayo y junio de 1918 los somalíes intervienen en la tercera batalla de l´Aisne, con menciones en los partes del ejército y obteniendo por segunda vez una Cruz de Guerra para su bandera. Muchos de sus oficiales, suboficiales y soldados también son premiados con galardones individuales al valor en combate. Combates que causaron un total de 562 muertos en las filas somalíes y cerca de 1.200 heridos.
INDOCHINA
Tiradores annamitas en trincheras
Al iniciarse la guerra y bajo la orden de movilización, las unidades destinadas en la Indochina francesa se reagruparon de la siguiente forma: el 11º regimiento de infantería colonial formada en cuatro batallones exclusivamente de europeos, los 9º y 10º regimientos de infantería colonial (seis batallones de europeos), el 1er. regimiento de tiradores annamitas (4 batallones), el 4º regimiento de tiradores tonquineses (3 batallones), los 4º y 5º regimientos de artillería colonial, a los que había que sumar dos compañías de ingenieros indígenas y unidades supletorias de policía. Estos regimientos no son destinados nominalmente al frente europeo, pero suministraron varios cuadros de oficiales y de infantería que participaron en operaciones en la metrópoli o en el frente de Europa oriental.
Tiradores tonkineses en formación, París
Ya en año 1912 se había pensado en alistar indochinos en caso de una guerra en Europa, estimando llegar a la cantidad de 200.000 en caso de orden de movilización. Una cifra exagerada ya que en realidad no llegaron a ser 100.000 los indochinos enviados a Francia durante la Primera Guerra Mundial, a los que se empleó mayoritariamente en trabajos de fortificaciones en el frente o retaguardia, en las fábricas e incluso en los jardines transformados en huertos del ´Château´ de Versailles. Una vez comprobado el buen resultado ofrecido por el primer contingente de indochinos como auxiliares sanitarios en Francia, las autoridades coloniales comenzaron a reclutar infantes para batallones de apoyo creados ad-hoc para ellos. Se les encargará de labores de apoyo a las unidades del frente: construcciones, reparación de carreteras y vías férreas, avituallamiento y conservación de acuartelamientos. Entre 1916 y 1918 hubo más de 43.000 indochinos destinados en la retaguardia de los frentes franceses y de oriente: 24.000 formando batallones de apoyo, 9.000 como sanitarios y otros 5.000 como conductores o administrativos.
Fanfarria batallón tiradores indochinos
Campamento tiradores tonkineses
Pero también se emplearon en cuerpos de combate de primera línea; cerca de otros 5.000 se encuadraron en cuatro batallones: el 7º y 21º de tiradores indochinos en Francia y el 1º y 2º de tiradores indochinos en el frente de Europa oriental. El 7º batallón se creó en febrero de 1916 para reforzar los regimientos de infantería de la 19ª división francesa, participando en los terribles combates de Chemin des Dames; se disuelve en diciembre de 1919. El 21º batallón se forma en diciembre de 1916, se le encarga la vigilancia de campos de aterrizaje y de carreteras en el Aisne; en 1917 participa en la defensa contra los alemanes en los Vosgos, y al fin de la guerra acuartelado hasta su disolución en abril de 1919. En el frente oriental el 1er. batallón de tiradores indochinos desembarca en Salónica en mayo de 1916, llega a Monastir en 1917 donde combate a búlgaros y austríacos hasta julio de 1918, reembarcando en enero de 1919. El 2º BTI también es destinado a la retaguardia de Salónica en mayo de 1916, protagonizando ataques y contraataques contra fuerzas austríacas, albanesas y búlgaras hasta noviembre de 1918.
Annamitas en Salónica, frente oriental
Al final de la guerra se contabilizaron 1.123 muertes entre los indochinos de los batallones en combate. La administración colonial no solamente reclutó soldados y tropas auxiliares, también se ocupó de incorporar trabajadores indochinos para el esfuerzo bélico: entre 1915 y 1919 unos 49.000 de esos trabajadores llegaron a Francia. Administrados por el servicio de trabajadores de guerra, fueron empleados como obreros rasos o especializados según su valía; sus habilidades y eficacia hicieron que muchos de ellos llegaran a trabajar en las nuevas industrias de la época como la automovilística o la aeronáutica.
Obreros annamitas trabajando en fábrica munición
Obreros indochinos en Francia
Finalizada la contienda, cierta cantidad de esos soldados y obreros decidieron quedarse en suelo francés. Por lo que no sería vano pensar en que varios de los indochinos que frecuentaron entonces las costumbres occidentales se parasen a reflexionar sobre su estatus de colonizados, y formasen el embrión del futuro movimiento nacionalista e independentista de sus tierras de origen.
Por último mencionar que 277 tonkineses del 9º RIC de Hanoi formaron parte del batallón colonial siberiano que combatió a los soviéticos junto a los aliados en 1918.
LAS ´VIEJAS COLONIAS´, EL PACÍFICO Y LA INDIA.
El servicio militar en las ´viejas colonias´ (Guadalupe, Martinica, Guayana y Reunión) era reivindicado como un derecho igualitario con la metrópoli por gran parte de su población, y como ciudadanos franceses de derecho desde 1848 muchos de sus reclutas formaban parte de los regimientos de infantería colonial del imperio.
´Poilus´martiniqueños
Nada más iniciada la I Guerra Mundial caen los primeros combatientes de Guadalupe en las escaramuzas de fronteras y en el Marne; los sargentos Bambuck, Antenor de Grand-Bourg y el cabo Pitot de Basse-Terre se cuentan entre los primeros caídos franceses de la contienda. Entre 1914 y 1918 101.600 habitantes de Martinica, Guadalupe y Guayana fueron movilizados, de ellos 29.000 incorporados a filas y enviados a zonas militares; en la isla de Reunión se movilizó a 6.000 de sus hombres. Tristemente 2.290 hombres de las llamadas ´viejas colonias´ nunca regresaron a sus hogares. En lo que concierne a las colonias del Pacífico, 1.134 melanesios de la Nueva Caledonia lucharon en el frente, donde cayeron 541 entre muertos y heridos. En la Polinesia se crea el batallón del Pacífico, que sufrió 332 muertos contabilizados en el frente. Por otra parte, algunos polinesios sirvieron en el cuerpo expedicionario australiano y neozelandés (ANZAC), que sufrió enormes bajas en los Dardanelos.
Formación en Noumea (Nueva Caledonia) esperan barco para Francia
Tiradores canacos del batallón del Pacífico en Francia
También llegaron 500 reclutas de los establecimientos franceses en la India, Pondychéry (hoy Puducherry), de los que cayeron 75 en los campos de combate.
EL ÍNDICO: MADAGASCAR Y COMORAS.
Reclutas malgaches
Más de 30.000 tiradores coloniales malgaches y comorianos participaron en la guerra. De entre ellos diez mil fueron encuadrados en los regimientos de artillería pesada y 2.500 sirvieron como chóferes de camiones y automóviles. El resto formaron 21 batallones de apoyo, indispensables para mantenimiento y vigilancia de vías de comunicación, así como para el avituallamiento de las divisiones de primera línea. Sin embargo algunos de estos batallones también acabaron combatiendo en el frente, como el 1er. batallón llegado de Diego-Suárez y enviado directamente a la línea de fuego o el 12º batallón (2 cias. malgaches y una comoriana) que se cubrió de gloria en combates durante 1917 perdiendo 23 oficiales y 197 tiradores. En 1918 el batallón fue asignado al sector de los Vosgos y al cabo de un mes nombrado como 2º batallón de cazadores malgaches en honor al valor demostrado.
Tiradores malgaches
Auxiliares malgaches en una cía. de dirigibles
En Europa oriental el 4º batallón de tiradores malgaches participa en la ofensiva franco-serbia del frente de Macedonia. El recuento final de bajas en la Gran Guerra para Madagascar y Comoras fue de 3.010 muertos y 1.835 heridos. Por otra parte, otros 5.300 malgaches fueron llamados a Francia como mano de obra para fábricas de armamento o destinados en construcciones necesarias para la defensa nacional.
Coloniales de distintos orígenes fueron reclutados en el ejército francés durante la Primera Guerra Mundial
<<Marseille fue un virtuoso sin rival entre los pilotos de caza de la Segunda Guerra Mundial. Sus logros, considerados como imposibles, todavía no han sido superados por nadie>> Adolf Galland, general de la Luftwaffe, en sus memorias. Hans Joaquim nació en Berlín el 13 de diciembre de 1919, con el apellido Marseille de su familia paterna, hugonotes franceses que generaciones antes se habían refugiado en tierras germanas de la persecución religiosa. Su padre Siegfried Marseille, combatiente de la Primera Guerra Mundial, alcanzó el grado de Generalmajor de la Wermacht en 1941 (murió en un ataque de partisanos en Bielorrusia, enero de 1944)
A pesar de pertenecer a una familia de abolengo militar tenía aversión por el mundo castrense, la marcialidad y los uniformes. Al divorciarse sus padres se quedó con su madre, que lo introdujo en el gusto por la cultura y la música en particular. Pero desde muy joven sentía la pasión de volar, para lo cual en la Alemania de la época había que ingresar en la carrera de las armas; en 1938 cumple su servicio militar obligatorio en el Servicio del Trabajo del Reich, y poco después se enrola en la Luftwaffe donde recibe las primeras instrucciones en un tiempo todavía de paz. En la escuela de vuelo de guerra Luftkriegsshule 4 ya comienzó a demostrar su rebeldía e indiferencia hacia la disciplina; numerosas ausencias nocturnas regresando ebrio al cuartel, faltas varias y arriesgados ejercicios de vuelo que no estaban en el programa estuvieron a punto de arruinar su carrera. Pero era hijo de un alto oficial, y sus instructores apreciaban en él un gran potencial como piloto, lo que le permitió terminar la instrucción. Cuando estalla la guerra en septiembre de 1939 ya estaba casi listo para el combate, completando su formación en la Jagdfliershule 5, que dirigía el as de la I Guerra Mundial E. Ritter von Schleich, donde finalmente consigue graduarse con una nota de sobresaliente, aunque debido a sus castigos y arrestos no le entregan el despacho de alférez hasta agosto de 1940.
La Batalla de Inglaterra. Primeros combates.
En ese mismo mes de agosto es destinado al grupo de caza operacional Jagd/LG2 en Mark, Pas de Calais, durante los inicios del ataque aéreo a Inglaterra. El día 24 tiene lugar su bautismo de fuego sobre el canal de la Mancha, derribando su primer avión enemigo, con la muerte del piloto inglés en su salto al mar. Marseille no parece sentir alegría en esa primera baja, anotando su tristeza sobre esa primera muerte en una carta enviada a su madre. En poco más de un mes consigue cinco derribos, pero el 23 de septiembre tiene que hacer un aterrizaje de emergencia en la playa francesa de Wissant con su Bf109E muy dañado por los combates. El 28 de septiembre consigue su 7º derribo enemigo, pero a la vuelta de una misión de escolta a bombarderos su avión cae al mar debido a los daños sufridos. El piloto sobrevive durante 20 minutos en las frías aguas del canal hasta que lo rescata un hidroavión de la Luftwaffe. Agotado y con hipotermia es ingresado en un hospital de campaña.
Durante la recuperación Marseille hace gala de su gusto por las salidas nocturnas, el alcohol y los líos de faldas. Su escasa disciplina y laxa uniformidad le acarrean varios arrestos. Reasignado en octubre al Jagdgeschwader 52, en su nuevo destino demuestra una excesiva apuesta por las acciones individuales (prohibidas en la Luftwaffe), así como por arriesgadas maniobras de ataque o de evasión con los aviones ingleses. Acaba destrozando cuatro aparatos. Todo ello acaba con la paciencia de su jefe de unidad que acaba ordenando su traslado al Jagdgeschwader 27, en Cherburgo. Su nuevo comandante de grupo, el mayor Neumann reconoce inmediatamente su gran habilidad como piloto. Instintivamente le concede un margen de confianza, esperando que finalmente Marseille demostrase ser un buen piloto alemán.
Norte de África. El inicio de la leyenda.
Llegado abril de 1941, el JG 27 sirve brevemente en la campaña de los Balcanes, antes de dividir sus grupos en dos escenarios de la guerra. Los II/JG 27 y III/JG 27 son destinados al frente central de la Operación Barbarrosa, la invasión de la URSS. Por contra el I/JG 27 de Marseille se traslada al norte de África como apoyo aéreo del Áfrika Korps el mismo 20 de abril. Su primer vuelo entre Trípoli y la base de Gazala resulta accidentado, teniendo que hacer un aterrizaje forzoso en el desierto por avería; en una rocambolesca travesía por el desierto, incluído un incidente con aliados italianos, consigue que todo un general alemán le ceda su coche con chófer para llegar a su destino.
- "Me debe 50 derribos, Marseille" parece que le dijo el general. Mal sabía el oficial que el joven piloto superaría con creces esa cifra. Se fraguaba la leyenda.
Consigue sus primeros derribos africanos el 23 y 28 de abril. Aunque el propio día 23 él mismo es derribado en su segunda salida por el piloto de la Francia Libre James Denis, que volaba en un Hurricane de la RAF. El día 27 el mismo Denis derriba de nuevo al alemán, que se salvó por centímetros de las balas. Marseille no termina de acostumbrarse a su nuevo destino, destroza 4 aviones, más otro de prueba. Viendo que su comandante estaba perdiendo la paciencia, decide aplicarse y desarrollar un programa de autoaprendizaje: mejora los aspectos tácticos y también los físicos con un ciclo de ejercicios para mejorar su musculatura (los pilotos sufrían la gran fuerza de gravedad y los bruscos cambios de sentido y velocidad). Elaboró una táctica de ataque que favorecía su arrojo y su extraordinaria puntería, que consistía en disparar al avion enemigo con gran ángulo de deflexión, muy por delante del morro del aparato contrario hasta coincidir con la trayectoria de las balas. Su puntería y pericia le permitían acertar solamente con una corta serie de 15 disparos. Tanto mejoró esta táctica que sus compañeros le consideraron un auténtico maestro en el tiro con deflexión. Jochim incluso renunció a usar gafas de sol, para acostumbrarse a la deslumbrante luz del desierto y tener una mejor visión. También desarrolló la habilidad de introducirse en la formación defensiva de los cazas aliados llamada "formación en círculo", creada a finales de la I Guerra Mundial; Marseille se colaba a toda velocidad en el centro de dicha formación y con su efectivo tiro de deflexión derribaba un aparato tras otro en ajustadas pasadas.
Uno de sus compañeros declaró años más tarde: "Marseille pudo concentrarse en el combatir debido a la falta de chicas, bares y demás distracciones que no había en África"
Con estas mejoradas tácticas los derribos fueron llegando poco a poco. En julio es ascendido a Leutnant y el 24 de septiembre consigue su primera victoria múltiple en una misión, derribando cuatro Hurricanes de la SAAF (fuerza aérea sudafricana). El "amarillo 14", su Messerschmitt Bf109F, empieza a ser temido entre los pilotos aliados. Con 25 victorias confirmadas, en noviembre Marseille y su escuadrilla son enviados a Alemania para familiarizarse con el nuevoBf 109F-4/Trop, un modelo adaptado a las condiciones de vuelo en el desierto.
Ascensos y peculiar vida social.
La estrella de Marseille ya comenzaba a brillar en los medios alemanes, la propaganda nazi comienza a usar sus éxitos para galvanizar la moral de la tropa. Su fama en el norte de África se estaba acercando a la de Rommel, el Zorro del desierto. En febrero de 1942 se había comprometido con Hanne-Lies Küpper, una joven maestra de Berlín para sorpresa de los que le conocían su fama de mujeriego.
Los buenos resultados como piloto de caza le permiten ascender a Oberleutnant, y poco después es nombrado jefe de la 3ª escuadrilla del JG 27. A finales de junio se vuelve a Alemania con dos meses de permiso tras haber conseguido su derribo número 100. En agosto viaja con su novia hasta Roma, donde Benito Mussolini le condecora con la Medaglia d´Oro, la más alta al valor para un militar italiano.
A pesar de que el Afrika Korps ya no estaba en sus mejores días, Marseille no dejaba de incrementar sus victorias. Su talento despertaba pasiones entre sus compañeros y también entre miles de seguidoras en Alemania enhardecidas por una propaganda idealista del departamento de Goebbels; cientos de cartas de admiradoras llegaban regularmente al escuadrón de Marseille, para su divertimento y el de sus camaradas. La vida en el norte de África era dura para estos pilotos, en constante desgaste por los combates y cada vez más presionados por la superioridad material aliada, pero Jochem se permitía dar ciertos gustos, apoyado por su prestigio y status cada vez más cercano al de un héroe. En tierra tenía una actitud bohemia aderezada por su nada ortodoxo alojamiento, una tienda informal llena de sofás, sillones y mesas hechos con telas de lona, cajas y cartones de intendencia, en donde destacaba un bar bien provisto atendido por un negro sudafricano, prisionero de guerra, llamado Matthias y que llegó a ser gran amigo y confidente suyo, para escarnio de la política racial nazi. Altos oficiales alemanes e italianos -generales incluídos- se rifaban la fabulosa hospitalidad de Marseille en su cubil del desierto, aunque muchos tenían que tolerar a regañadientes el ser atentidos por un hombre de raza negra.
Un día de gloria.
El 1 de septiembre de 1942, de regreso al desierto libio, el teniente Marseille logra una de las grandes hazañas bélicas de la Segunda Guerra Mundial, en un cielo norteafricano que entonces que ya empezaban a dominar los aparatos aliados, que ya estaban venciendo en la batalla de El Alamein. Durante varias salidas hechas ese día consigue derribar nada menos que 17 aparatos enemigos, ocho de ellos en tan solo 10 minutos.
A las 07:30 su escuadrilla despega con la orden de escoltar una misión de bombardeo de Stukas hacia el sur. Al poco de despegar se enfrentan al ataque de unos P-40 Tomahawk ingleses, de los cuales Marseille logra abatir a tres. A la vuelta de la misión otros seis Spitfire aparecen amenazantes en el cielo; en una arriegada maniobra con súbitos giros y cambios de sentido el as alemán derriba un Spifire.
A las 9:15 Marseille vuelve a su aeródromo para reponer combustible y municiones, felicitado por el personal de tierra por sus cuatro victorias de la mañana.
Nuevamente recibe orden su escuadrilla de escoltar a los Stukas en un ataque a Alam el Halfa, en territorio egipcio. En pleno vuelo aperciben dos formaciones de bombarderos aliados escoltados por sus correspondientes cazas. Ocho P36 Hawk de esa escolta se dirigieron hacia los Stukas, enfrentándose directamente con la escuadrilla de cazas alemana. Viendo lo que se les venía encima formaron el círculo defensivo típico de los aliados, pero Marseille era especialista en desarmar esa defensa: redujo la velocidad y se introdujo en el círculo derribando dos aviones en apenas dos minutos. Los cazas aliados se dispersan intentando volver a formación cerrada; Marseille los persigue y en un descenso gradual de dos mil quinientos metros consigue ametrallar y destruir a cuatro más. Sus propios compañeros no daban crédito a lo que estaban observando: ocho rivales abatidos en 10 minutos.
Regresando con su pareja de vuelo hacia el oeste aparecen por debajo de ellos otros cazas aliados que volaban en sentido contrario. No vieron a los alemanes que se dirigieron hacia ellos a toda velocidad; bajo los cañones de Marseille otro P36 más estalla en vuelo.
Pocos minutos después vuelven a apercibir un Tomahawk averiado dejando una estela blanca y que intentaba volver a su base. Sin pensárselo Marseille lo atacó por detrás viendo como su fuselaje se desintegraba bajo sus balas.
Hacia el mediodía regresan a su base, a donde había llegado el mariscal Kesselring. Marseille le saluda y le informa de las misiones de su escuadrilla esa misma mañana, con doce derribos.
- ¿Cuántos de ellos son suyos, Oberleutnant? preguntó Kesselring.
- Doce señor, contestó Marseille al mariscal que tuvo que sentarse de la impresión.
Tras un descanso de un tórrido día norteafricano, a las 17:00h despegó en su tercera misión, esta vez era la de escoltar una escuadra de JU-88 hacia un bombardeo a El Imayid, al este de El Alamein. En plena vuelo una formación de quince Hurricanes se lanzan hacia los bombarderos; Marseille y su escuadrilla se introducen entre ellos y en un combate de pocos minutos consigue derribar a cinco aviones enemigos más, en cotas de entre mil quinientos y cien metros de altura. El resto de la formación aliada se dispersa sin presentar más batalla.
Con esas 17 victorias aéreas del 1 de septiembre Marseille consigue una hazaña singular, convirtiéndose en el piloto del frente occidental con récord de derribos en un solo día (todo ello está convenientemente confirmado y documentado por testigos en los correspondientes informes de la Luftwaffe). Y lo más importante, se convierte en leyenda, tanto para sus compatriotas como para sus enemigos.
Hasta finales de septiembre logrará cincuenta y cuatro derribos más.
Pero la superioridad aliada en material era cada día más evidente, los pilotos alemanes se veían superados y agotados por las innumerables salidas y misiones a realizar. Con poco más de un centenar de aviones tenían que hacer frente a una fuerza aérea aliada compuesta por más de 800 aparatos. La tensión era enorme y el propio Marseille, entre la sobreexcitación por sus triunfos y fisicamente al límite por los combates, se encuentra al borde del colapso sin apenas poder descansar. La suerte no iba a durar mucho.
Accidente mortal
Con 22 años Hans-Joaquim Marseille era la´Estrella de África´, 158 derribos lo consagraban como un as de la Luftwaffe. La experiencia de combates día tras día le habían hecho aflorar habilidades innatas como piloto de caza. Se propuso transmitir experiencia y métodos a sus compañeros de escuadrilla pero sin demasiado éxito; pocos de ellos lograrían siquiera acercarse al nivel de Marseille.
Los altos mandos no paraban de felicitarle, y el 16 de septiembre logra un anticipado ascenso a Hautpmann, siendo el capitán más joven de la Luftwaffe. La prensa de guerra y los medios nazis le seguías con pasión, tanta fama parece que llegó a molestarle creyendo que finalmente lo apartarían del frente, de sus camaradas y de su amigo Matthias para destinarlo a Alemania.
A pesar del agotamiento crónico no quería dejar de volar, aunque entre los días 16 y 25 tuvo que quedarse en tierra forzado por una fractura en un brazo. El 26 de septiembre consigue su derribo 158, pilotando el nuevo Me- Bf109/G en contra de su voluntad; los pilotos del 3/JG27 no se fiaban del nuevo modelo criticando fallos en el motor, pero una orden del mismísimo mariscal Kesselring zanjó el asunto.
La escuadrilla estuvo descansando hasta el día 30, cuando se le ordenó hacer un vuelo de escolta hacia terreno conquistado por los aliados, en el que no hubo contacto con el enemigo. Durante el regreso de la misión, sobre las 11:35h un repentino humo negro comenzó a salir de la cabina del avión de Marseille, cegando y asfixiando al as berlinés. Alertó por radio a sus camaradas, y dos de ellos le guiaron hasta sobrevolar líneas alemanas. A falta de diez minutos para llegar al aeródromo de destino Marseille exclamó a sus guías: - "No puedo aguantar más, tengo que saltar". Éstos apartaron sus aparatos para dejarlo maniobrar e invertir su avión tras abrir la cabina cumpliendo con el procedimiento. Pero cegado por el humo negro se demoró en el salto, y en segundos el caza entró en un peligroso picado a unos 600 km/hora.
Cuando consigue salir de la cabina y saltar la velocidad del picado hace que su cuerpo impacte con fuerza contra el alerón de cola. Puede que el golpe le dejase inconsciente o directamente le produjera la muerte, ya que su cuerpo se precipitó directamente a tierra. Cuando encuentran su cadáver, a 7 kilómetros al sur de Sidi Abdel Rahman, comprueban que ni siquiera intentó tirar de la manija de apertura de su paracaídas. Su reloj de pulsera se hallaba parado en las 11:42 a.m.
Había muerto la leyenda. La "Estrella de África" se había apagado a los 22 años de edad, manteniéndose invicto hasta el final. Esperaba casarse con su prometida en el mes de diciembre.
El mortal accidente tuvo un tremendo impacto entre sus compañeros, cuya moral jamás se recuperó; en las semanas siguientes varios pilotos fueron abatidos en combate y la escuadrilla ya no volvió a ser la misma de los éxitos fulgurantes liderada por el maestro.
El capitán Hans-Joaquin Marseille fue enterrado en el cementerio de Derna, en un numeroso sepelio encabezado por Kesselring y Neumann, que pronunciaron los elogios fúnebres.
En años posteriores sus restos fueron transferidos al memorial alemán de Tobruk, Libia. Finalmente en 1989 se colocó una lápida y una placa nuevas en un acto al que asistieron compañeros supervivientes, incluído su fiel amigo Mathew Letulu "Mathias".
En el lugar de su mortal caída todavía se puede visitar una pirámide homenaje levantada entonces por sus aliados italianos en su memoria.
Condecoraciones
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Cruz de Hierro de segunda clase (por dos victorias aéreas).
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Cruz de hierro de primera clase (por cuatro victorias aéreas).
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Copa de Honor de la Luftwaffe.
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Cruz Alemana en Oro (por sus primeros veinticinco derribos). Impuesta por el Generalfeldmarschall Albert Kesselring.
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Cruz de Caballero de la Luftwaffe (por lograr cincuenta derribos). Impuesta por Albert Kesselring.
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Medalla de Plata italiana al valor militar.
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Espadas para la Cruz de Caballero con Hojas de Roble (por lograr cien derribos), entregada por Hitler en su Cuartel General de Rastenburg.
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Piloto-Obervador en Oro con Diamantes, impuesta por Hermann Göring
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Medaglia d´Oro, la más alta condecoración italiana al valor, impuesta por Benito Mussolini en Roma.
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Frontflugspange en Oro. Broche de vuelo de la Luftwaffe (por llegar a 300 vuelos)
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Cruz de Caballero con Hojas de Roble, Espadas y Brillantes (solamente 27 oficiales la recibieron durante la guerra). Hitler tenía prevista entregársela ese mismo año, pero la muerte del piloto impidió el acto. La condecoración nunca fue entregada a su familia, a pesar de figurar así en el reglamento.