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2 nov 2016

Hans Joaquim Marseille, la Estrella de África.




El as de la Luftwaffe en el Norte de África.



    <<Marseille fue un virtuoso sin rival entre los pilotos de caza de la Segunda Guerra Mundial. Sus logros, considerados como imposibles, todavía no han sido superados por nadie>> Adolf Galland, general de la Luftwaffe, en sus memorias.
    
    Hans Joaquim nació en Berlín el 13 de diciembre de 1919, con el apellido Marseille de su familia paterna, hugonotes franceses que generaciones antes se habían refugiado en tierras germanas de la persecución religiosa. Su padre Siegfried Marseille, combatiente de la Primera Guerra Mundial, alcanzó el grado de Generalmajor de la Wermacht en 1941 (murió en un ataque de partisanos en Bielorrusia, enero de 1944) 

    A pesar de pertenecer a una familia de abolengo militar tenía aversión por el mundo castrense, la marcialidad y los uniformes. Al divorciarse sus padres se quedó con su madre, que lo introdujo en el gusto por la cultura y la música en particular. Pero desde muy joven sentía la pasión de volar, para lo cual en la Alemania de la época había que ingresar en la carrera de las armas; en 1938 cumple su servicio militar obligatorio en el Servicio del Trabajo del Reich, y poco después se enrola en la Luftwaffe donde recibe las primeras instrucciones en un tiempo todavía de paz. En la escuela de vuelo de guerra Luftkriegsshule 4 ya comienzó a demostrar su rebeldía e indiferencia hacia la disciplina; numerosas ausencias nocturnas regresando ebrio al cuartel, faltas varias y arriesgados ejercicios de vuelo que no estaban en el programa estuvieron a punto de arruinar su carrera. Pero era hijo de un alto oficial, y sus instructores apreciaban en él un gran potencial como piloto, lo que le permitió terminar la instrucción. Cuando estalla la guerra en septiembre de 1939 ya estaba casi listo para el combate, completando su formación en la Jagdfliershule 5, que dirigía el as de la I Guerra Mundial E. Ritter von Schleich, donde finalmente consigue graduarse con una nota de sobresaliente, aunque debido a sus castigos y arrestos no le entregan el despacho de alférez hasta agosto de 1940. 




La Batalla de Inglaterra. Primeros combates.




    En ese mismo mes de agosto es destinado al grupo de caza operacional Jagd/LG2 en Mark, Pas de Calais, durante los inicios del ataque aéreo a Inglaterra. El día 24 tiene lugar su bautismo de fuego sobre el canal de la Mancha, derribando su primer avión enemigo, con la muerte del piloto inglés en su salto al mar. Marseille no parece sentir alegría en esa primera baja, anotando su tristeza sobre esa primera muerte en una carta enviada a su madre. En poco más de un mes consigue cinco derribos, pero el 23 de septiembre tiene que hacer un aterrizaje de emergencia en la playa francesa de Wissant con su Bf109E muy dañado por los combates. El 28 de septiembre consigue su 7º derribo enemigo, pero a la vuelta de una misión de escolta a bombarderos su avión cae al mar debido a los daños sufridos. El piloto sobrevive durante 20 minutos en las frías aguas del canal hasta que lo rescata un hidroavión de la Luftwaffe. Agotado y con hipotermia es ingresado en un hospital de campaña. 



   Durante la recuperación Marseille hace gala de su gusto por las salidas nocturnas, el alcohol y los líos de faldas. Su escasa disciplina y laxa uniformidad le acarrean varios arrestos. Reasignado en octubre al Jagdgeschwader 52, en su nuevo destino demuestra una excesiva apuesta por las acciones individuales (prohibidas en la Luftwaffe), así como por arriesgadas maniobras de ataque o de evasión con los aviones ingleses. Acaba destrozando cuatro aparatos. Todo ello acaba con la paciencia de su jefe de unidad que acaba ordenando su traslado al Jagdgeschwader 27, en Cherburgo. Su nuevo comandante de grupo, el mayor Neumann reconoce inmediatamente su gran habilidad como piloto. Instintivamente le concede un margen de confianza, esperando que finalmente Marseille demostrase ser un buen piloto alemán.


Norte de África. El inicio de la leyenda.



   Llegado abril de 1941, el JG 27 sirve brevemente en la campaña de los Balcanes, antes de dividir sus grupos en dos escenarios de la guerra. Los II/JG 27 y III/JG 27 son destinados al frente central de la Operación Barbarrosa, la invasión de la URSS. Por contra el I/JG 27 de Marseille se traslada al norte de África como apoyo aéreo del Áfrika Korps el mismo 20 de abril. Su primer vuelo entre Trípoli y la base de Gazala resulta accidentado, teniendo que hacer un aterrizaje forzoso en el desierto por avería; en una rocambolesca travesía por el desierto, incluído un incidente con aliados italianos, consigue que todo un general alemán le ceda su coche con chófer para llegar a su destino.
 - "Me debe 50 derribos, Marseille" parece que le dijo el general. Mal sabía el oficial que el joven piloto superaría con creces esa cifra. Se fraguaba la leyenda. 


    Consigue sus primeros derribos africanos el 23 y 28 de abril. Aunque el propio día 23 él mismo es derribado en su segunda salida por el piloto de la Francia Libre James Denis, que volaba en un Hurricane de la RAF. El día 27 el mismo Denis derriba de nuevo al alemán, que se salvó por centímetros de las balas. Marseille no termina de acostumbrarse a su nuevo destino, destroza 4 aviones, más otro de prueba. Viendo que su comandante estaba perdiendo la paciencia, decide aplicarse y desarrollar un programa de autoaprendizaje: mejora los aspectos tácticos y también los físicos con un ciclo de ejercicios para mejorar su musculatura (los pilotos sufrían la gran fuerza de gravedad y los bruscos cambios de sentido y velocidad). Elaboró una táctica de ataque que favorecía su arrojo y su extraordinaria puntería, que consistía en disparar al avion enemigo con gran ángulo de deflexión, muy por delante del morro del aparato contrario hasta coincidir con la trayectoria de las balas. Su puntería y pericia le permitían acertar solamente con una corta serie de 15 disparos. Tanto mejoró esta táctica que sus compañeros le consideraron un auténtico maestro en el tiro con deflexión. Jochim incluso renunció a usar gafas de sol, para acostumbrarse a la deslumbrante luz del desierto y tener una mejor visión. También desarrolló la habilidad de introducirse en la formación defensiva de los cazas aliados llamada "formación en círculo", creada a finales de la I Guerra Mundial; Marseille se colaba a toda velocidad en el centro de dicha formación y con su efectivo tiro de deflexión derribaba un aparato tras otro en ajustadas pasadas.


    Uno de sus compañeros declaró años más tarde: "Marseille pudo concentrarse en el combatir debido a la falta de chicas, bares y demás distracciones que no había en África"

    Con estas mejoradas tácticas los derribos fueron llegando poco a poco. En julio es ascendido a Leutnant y el 24 de septiembre consigue su primera victoria múltiple en una misión, derribando cuatro Hurricanes de la SAAF (fuerza aérea sudafricana). El "amarillo 14", su Messerschmitt Bf109F, empieza a ser temido entre los pilotos aliados. Con 25 victorias confirmadas, en noviembre Marseille y su escuadrilla son enviados a Alemania para familiarizarse con el nuevo Bf 109F-4/Trop, un modelo adaptado a las condiciones de vuelo en el desierto.

    


Ascensos y peculiar vida social.


   La estrella de Marseille ya comenzaba a brillar en los medios alemanes, la propaganda nazi comienza a usar sus éxitos para galvanizar la moral de la tropa. Su fama en el norte de África se estaba acercando a la de Rommel, el Zorro del desierto. En febrero de 1942 se había comprometido con Hanne-Lies Küpper, una joven maestra de Berlín para sorpresa de los que le conocían su fama de mujeriego. 


   
   Los buenos resultados como piloto de caza le permiten ascender a Oberleutnant, y poco después es nombrado jefe de la 3ª escuadrilla del JG 27. A finales de junio se vuelve a Alemania con dos meses de permiso tras haber conseguido su derribo número 100. En agosto viaja con su novia hasta Roma, donde Benito Mussolini le condecora con la Medaglia d´Oro, la más alta al valor para un militar italiano.
 


    A pesar de que el Afrika Korps ya no estaba en sus mejores días, Marseille no dejaba de incrementar sus victorias. Su talento despertaba pasiones entre sus compañeros y también entre miles de seguidoras en Alemania enhardecidas por una propaganda idealista del departamento de Goebbels; cientos de cartas de admiradoras llegaban regularmente al escuadrón de Marseille, para su divertimento y el de sus camaradas. La vida en el norte de África era dura para estos pilotos, en constante desgaste por los combates y cada vez más presionados por la superioridad material aliada, pero Jochem se permitía dar ciertos gustos, apoyado por su prestigio y status cada vez más cercano al de un héroe. En tierra tenía una actitud bohemia aderezada por su nada ortodoxo alojamiento, una tienda informal llena de sofás, sillones y mesas hechos con telas de lona, cajas y cartones de intendencia, en donde destacaba un bar bien provisto atendido por un negro sudafricano, prisionero de guerra, llamado Matthias y que llegó a ser gran amigo y confidente suyo, para escarnio de la política racial nazi. Altos oficiales alemanes e italianos -generales incluídos- se rifaban la fabulosa hospitalidad de Marseille en su cubil del desierto, aunque muchos tenían que tolerar a regañadientes el ser atentidos por un hombre de raza negra.






Un día de gloria.




     El 1 de septiembre de 1942, de regreso al desierto libio, el teniente Marseille logra una de las grandes hazañas bélicas de la Segunda Guerra Mundial, en un cielo norteafricano que entonces que ya empezaban a dominar los aparatos aliados, que ya estaban venciendo en la batalla de El Alamein. Durante varias salidas hechas ese día consigue derribar nada menos que 17 aparatos enemigos, ocho de ellos en tan solo 10 minutos. 
     A las 07:30 su escuadrilla despega con la orden de escoltar una misión de bombardeo de Stukas hacia el sur. Al poco de despegar se enfrentan al ataque de unos P-40 Tomahawk ingleses, de los cuales Marseille logra abatir a tres. A la vuelta de la misión otros seis Spitfire aparecen amenazantes en el cielo; en una arriegada maniobra con súbitos giros y cambios de sentido el as alemán derriba un Spifire. 
     A las 9:15 Marseille vuelve a su aeródromo para reponer combustible y municiones, felicitado por el personal de tierra por sus cuatro victorias de la mañana.
     Nuevamente recibe orden su escuadrilla de escoltar a los Stukas en un ataque a Alam el Halfa, en territorio egipcio. En pleno vuelo aperciben dos formaciones de bombarderos aliados escoltados por sus correspondientes cazas. Ocho P36 Hawk de esa escolta se dirigieron hacia los Stukas, enfrentándose directamente con la escuadrilla de cazas alemana. Viendo lo que se les venía encima formaron el círculo defensivo típico de los aliados, pero Marseille era especialista en desarmar esa defensa: redujo la velocidad y se introdujo en el círculo derribando dos aviones en apenas dos minutos. Los cazas aliados se dispersan intentando volver a formación cerrada; Marseille los persigue y en un descenso gradual de dos mil quinientos metros consigue ametrallar y destruir a cuatro más. Sus propios compañeros no daban crédito a lo que estaban observando: ocho rivales abatidos en 10 minutos. 
     Regresando con su pareja de vuelo hacia el oeste aparecen por debajo de ellos otros cazas aliados que volaban en sentido contrario. No vieron a los alemanes que se dirigieron hacia ellos a toda velocidad; bajo los cañones de Marseille otro P36 más estalla en vuelo. 
     Pocos minutos después vuelven a apercibir un Tomahawk averiado dejando una estela blanca y que intentaba volver a su base. Sin pensárselo Marseille lo atacó por detrás viendo como su fuselaje se desintegraba bajo sus balas. 

     Hacia el mediodía regresan a su base, a donde había llegado el mariscal Kesselring. Marseille le saluda y le informa de las misiones de su escuadrilla esa misma mañana, con doce derribos.
- ¿Cuántos de ellos son suyos, Oberleutnant? preguntó Kesselring.
- Doce señor, contestó Marseille al mariscal que tuvo que sentarse de la impresión.

     Tras un descanso de un tórrido día norteafricano, a las 17:00h despegó en su tercera misión, esta vez era la de escoltar una escuadra de JU-88 hacia un bombardeo a El Imayid, al este de El Alamein. En plena vuelo una formación de quince Hurricanes se lanzan hacia los bombarderos; Marseille y su escuadrilla se introducen entre ellos y en un combate de pocos minutos consigue derribar a cinco aviones enemigos más, en cotas de entre mil quinientos y cien metros de altura. El resto de la formación aliada se dispersa sin presentar más batalla.

     Con esas 17 victorias aéreas del 1 de septiembre Marseille consigue una hazaña singular,  convirtiéndose en el piloto del frente occidental con récord de derribos en un solo día (todo ello está convenientemente confirmado y documentado por testigos en los correspondientes informes de la Luftwaffe). Y lo más importante, se convierte en leyenda, tanto para sus compatriotas como para sus enemigos.

     Hasta finales de septiembre logrará cincuenta y cuatro derribos más.










     Pero la superioridad aliada en material era cada día más evidente, los pilotos alemanes se veían superados y agotados por las innumerables salidas y misiones a realizar. Con poco más de un centenar de aviones tenían que hacer frente a una fuerza aérea aliada compuesta por más de 800 aparatos. La tensión era enorme y el propio Marseille, entre la sobreexcitación por sus triunfos y fisicamente al límite por los combates, se encuentra al borde del colapso sin apenas poder descansar. La suerte no iba a durar mucho.

Accidente mortal


     Con 22 años Hans-Joaquim Marseille era la´Estrella de África´, 158 derribos lo consagraban como un as de la Luftwaffe. La experiencia de combates día tras día le habían hecho aflorar habilidades innatas como piloto de caza. Se propuso transmitir experiencia y métodos a sus compañeros de escuadrilla pero sin demasiado éxito; pocos de ellos lograrían siquiera acercarse al nivel de Marseille. 




     Los altos mandos no paraban de felicitarle, y el 16 de septiembre logra un anticipado ascenso a Hautpmann, siendo el capitán más joven de la Luftwaffe. La prensa de guerra y los medios nazis le seguías con pasión, tanta fama parece que llegó a molestarle creyendo que finalmente lo apartarían del frente, de sus camaradas y de su amigo Matthias para destinarlo a Alemania. 



     A pesar del agotamiento crónico no quería dejar de volar, aunque entre los días 16 y 25 tuvo que quedarse en tierra forzado por una fractura en un brazo. El 26 de septiembre consigue su derribo 158, pilotando el nuevo Me- Bf109/G en contra de su voluntad; los pilotos del 3/JG27 no se fiaban del nuevo modelo criticando fallos en el motor, pero una orden del mismísimo mariscal Kesselring zanjó el asunto.



     La escuadrilla estuvo descansando hasta el día 30, cuando se le ordenó hacer un vuelo de escolta hacia terreno conquistado por los aliados, en el que no hubo contacto con el enemigo. Durante el regreso de la misión, sobre las 11:35h un repentino humo negro comenzó a salir de la cabina del avión de Marseille, cegando y asfixiando al as berlinés. Alertó por radio a sus camaradas, y dos de ellos le guiaron hasta sobrevolar líneas alemanas. A falta de diez minutos para llegar al aeródromo de destino Marseille exclamó a sus guías: - "No puedo aguantar más, tengo que saltar". Éstos apartaron sus aparatos para dejarlo maniobrar e invertir su avión tras abrir la cabina cumpliendo con el procedimiento. Pero cegado por el humo negro se demoró en el salto, y en segundos el caza entró en un peligroso picado a unos 600 km/hora.
Cuando consigue salir de la cabina y saltar la velocidad del picado hace que su cuerpo impacte con fuerza contra el alerón de cola. Puede que el golpe le dejase inconsciente o directamente le produjera la muerte, ya que su cuerpo se precipitó directamente a tierra. Cuando encuentran su cadáver, a 7 kilómetros al sur de Sidi Abdel Rahman, comprueban que ni siquiera intentó tirar de la manija de apertura de su paracaídas. Su reloj de pulsera se hallaba parado en las 11:42 a.m.


     Había muerto la leyenda. La "Estrella de África" se había apagado a los 22 años de edad, manteniéndose invicto hasta el final. Esperaba casarse con su prometida en el mes de diciembre.

     El mortal accidente tuvo un tremendo impacto entre sus compañeros, cuya moral jamás se recuperó; en las semanas siguientes varios pilotos fueron abatidos en combate y la escuadrilla ya no volvió a ser la misma de los éxitos fulgurantes liderada por el maestro.



     El capitán Hans-Joaquin Marseille fue enterrado en el cementerio de Derna, en un numeroso sepelio encabezado por Kesselring y Neumann, que pronunciaron los elogios fúnebres.

     En años posteriores sus restos fueron transferidos al memorial alemán de Tobruk, Libia. Finalmente en 1989 se colocó una lápida y una placa nuevas en un acto al que asistieron compañeros supervivientes, incluído su fiel amigo Mathew Letulu "Mathias". 


     En el lugar de su mortal caída todavía se puede visitar una pirámide homenaje levantada entonces por sus aliados italianos en su memoria.

Condecoraciones




-Cruz de Hierro de segunda clase (por dos victorias aéreas).
-Cruz de hierro de primera clase (por cuatro victorias aéreas).
-Copa de Honor de la Luftwaffe.
-Cruz Alemana en Oro (por sus primeros veinticinco derribos). Impuesta por el Generalfeldmarschall Albert Kesselring.
-Cruz de Caballero de la Luftwaffe (por lograr cincuenta derribos). Impuesta por Albert Kesselring.
Medalla de Plata italiana al valor militar.
-Espadas para la Cruz de Caballero con Hojas de Roble (por lograr cien derribos), entregada por Hitler en su Cuartel General de Rastenburg.
-Piloto-Obervador en Oro con Diamantes, impuesta por Hermann Göring
Medaglia d´Oro, la más alta condecoración italiana al valor, impuesta por Benito Mussolini en Roma.
-Frontflugspange en Oro. Broche de vuelo de la Luftwaffe (por llegar a 300 vuelos)
-Cruz de Caballero con Hojas de Roble, Espadas y Brillantes (solamente 27 oficiales la recibieron durante la guerra). Hitler tenía prevista entregársela ese mismo año, pero la muerte del piloto impidió el acto. La condecoración nunca fue entregada a su familia, a pesar de figurar así en el reglamento.


-Áfrika Ärmelstreifen (cinta del puño), a título póstumo.


Video

"Rumba Azul", su tema musical preferido.


https://www.youtube.com/watch?v=gOECEkUHR10



Fuentes:
Exordio
Wikipedia
Extractos de la biografía del Mayor Robert Tate (USAF)
Extractos del libro ´Luftwaffe Aces´(Raymond Toliver, Trevor Costable)
Extractos del libro ´The Star of Africa´(Colin Heaton, Anne-Marie Lewis)
El País

12 jul 2014

Portugal en la Primera Guerra Mundial.

La participación de Portugal en la Gran Guerra 1914-1918



Antecedentes


     Portugal era a principios del S.XX una potencia menor, proclamada como república en 1910 con un vasto imperio colonial, poco explorado y documentado, pero secretamente deseado por las potencias más fuertes (Inglaterra, Francia, Alemania) que planeaban rediseñar el mapa africano y asiático de acuerdo a sus propios intereses, contando que la grave crisis económica portuguesa provocase el abandono o embargo de sus colonias de Angola, Mozambique y Timor.

La tradicional alianza luso-británica
     El país luso estaba estrechamente unido en la alianza más antigua de Europa con el Reino de Gran Bretaña, que fue además el primer estado europeo en reconocer a la joven república portuguesa en 1911.

     Cuando se desencadena el conflicto en Europa en julio de 1914, se abre un debate en Portugal sobre su posicionamiento. Aunque una parte del arco político abogaba por mantener la neutralidad, la mayor parte de los dirigentes acuerdan que para defender la integridad del imperio lo mejor era estar del lado de Inglaterra y, en consecuencia de sus aliados. De esa manera creían que defenderían mejor sus territorios africanos de las ambiciones germanas. Pero Portugal también temía posibles intentos anexionistas de su vecina España, que había apoyado incursiones restauracionistas en 1911 y 1912 para desbancar a la joven Primera República Portuguesa. Estando bajo la alianza británica, el país aseguraba su independencia e identidad dentro de la Península Ibérica.



Guerra no declarada en África.


     Alemania llevaba tiempo ambicionando ocupar los territorios africanos portugueses, cercanos a sus colonias de África occidental y Tanganica. Bajo la excusa de la elevada deuda portuguesa y su grave crisis financiera, el gobierno alemán había reivindicado en un tratado de 1913 con Inglaterra ocupar las colonias lusas; los ingleses, a fin de apaciguar el tono bélico alemán, no se negaron en rotundo manteniendo una postura ambigua.
Frontera entre Tankanica y Mozambique, 1914

    El 25 de agosto tropas coloniales alemanas atacan un puesto fronterizo en el norte de Mozambique y ocupan la isla de Quionga. En consecuencia el 11 de septiembre el gobierno portugués decide enviar una expedición militar, asimismo otra hacia Angola. A finales de 1914 Portugal estaba de facto en un estado de guerra no declarada con Alemania.

La campaña de Mozambique


     La primera fuerza expedicionaria portuguesa arriva a Mozambique en octubre de 1914, en medio de la improvisación y de una gran desorganización. Al cabo de unos meses, y a pesar de no tener ningún encuentro con el enemigo, ya había perdido 20% de sus 1.527 hombres a causa de las enfermedades tropicales.
Tropas portuguesas en Mozambique

     Llega una segunda expedición con 1.543 militares en noviembre de 1915. Pero con la misma pésima planificación que la primera, sufre el 50% de bajas solamente en 4 meses. Hasta abril de 1916 no logran recuperar la pequeña isla de Quionga.

     A finales de ese año llega una tercera fuerza desde la metrópoli, esta vez con 4.642 hombres comandados por el Gral. Ferreira Gil. Atraviesan el río Rovuma y atacan a las fuerzas alemanas en Tanganica, al mismo tiempo que los británicos atacaban desde Rodesia, Kenia y Sudáfrica, y los belgas desde el Congo. La 3ª expedición portuguesa logra conquistar Newala, pero pronto es contratacada y tiene que volver a cruzar el Rovuma hacia Mozambique.
     En 1917 Portugal envía una 4ª expedición con muchos más hombres (9.786) al mando del Gral. Sousa Rosa, pero tampoco logra derrotar a las tropas coloniales del general alemán Lettow-Vorbeck. Con apenas 4.000 askaris y 300 oficiales europeos, el militar alemán logra mantener sus posesiones en África oriental, resistiendo ataques aliados con mayor número de tropas gracias a una guerra de guerrillas que mantenía al enemigo siempre alerta y ocupado, impidiéndole liberar soldados para los frentes en Europa.
El general Lettow-Vorbeck y sus legendarios askaris
     En noviembre de 1917 Lettow-Vorbeck cruza el río Rovuma, derrota a los portugueses en Negomano y recorre Mozambique soliviantando a la población local contra la ocupación lusa. Las tropas aliadas que van tras él nunca logran alcanzarlo ni batirlo. A finales de 1918 el ejército alemán del África oriental se rinde en Rodesia sin haber sido nunca derrotado. Fueron las únicas tropas germanas que desfilaron triunfantes en Berlín al final de la guerra.
Portugal, aparte de sucumbir a desmoralizantes derrotas militares, a partir de entonces tuvo que enfrentarse a contínuas revueltas de la población indígena local, que tardaría años en sofocar.


La campaña de Angola

     Al igual que a Mozambique, la fuerza expedicionaria portuguesa llega a Angola en octubre de 1914, con 1.600 hombres.
Embarcando hacia Mozambique

Tropas parten de Portugal hacia Mozambique
Los alemanes atacan desde la frontera sur, infligiendo sendas derrotas a los portugueses en las posiciones de Cuangar y Naulila (diciembre 1914), haciéndoles retroceder varios kilómetros frontera adentro. Tras su victoria, los alemanes también optan por retirase, pero sembrando la semilla de la rebelión entre las tribus angoleñas, lo que obliga al gobierno portugués al envío de una gran fuerza militar para aplacar las revuelta. Se moviliza a 12.000 hombres y 400 oficiales en la metrópoli, y se envían 2 compañías coloniales desde Mozambique, tropas necesarias en otros frentes.

La guerra en Europa. El “Corpo Expedicionário Português”.

     Desde 1914 Francia e Inglaterra hacen llamamientos a Portugal para que envíe pertrechos al frente europeo, sobre todo necesarias piezas de artillería. En septiembre de 1914 el gobierno de Manuel Arriaga asegura a los aliados que entrará en guerra contra Alemania, sobre todo tras los incidentes en las colonias africanas. A finales de año el parlamento autoriza la movilización general.
El presidende Manuel Arriaga pasando revista a tropas del CEP

     Pero la república estaba casi sumida en el caos. Divergencias políticas y la falta de unión de partidos provoca que en enero de 1915 el presidente Arriaga encargue al anciano general Pimenta de Castro la formación de un gobierno que deriva en una cuasi dictadura cívico-militar. La coyuntura bélica de Europa provoca dificultades económicas a una sociedad ya de por sí empobrecida; ciertos alimentos empiezan a escasear y el aumento de los precios en materias primas originan graves revueltas populares en las principales ciudades del país. Los aliados querían involucrar a Portugal en la gran ofensiva que preparaban para 1916, pero el país luso no tenía el ambiente propicio para embarcarse en la guerra total.
     Gran Bretaña pidió al gobierno portugués que entrase en guerra “solamente cuando su ejército estuviese preparado”, sin querer dar la impresión que la implicación de Portugal en el conflicto fuese forzada por la alianza luso-británica. Sin embargo Londres exige acciones inmediatas de bloqueo contra barcos alemanes.
      El 24 de febrero el gobierno luso comunica a Alemania el bloqueo y apresamiento de todos sus barcos en aguas portuguesas. El 3 de marzo, ante las protestas alemanas, Portugal alega que los apresamientos se hicieron por la necesidad de transportes marítimos debido a la guerra europea, argumentando esa justificación a pesar de su oficial neutralidad.
      La respuesta alemana es contundente, el 9 de marzo: “Alemania constata que este procedimiento del gobierno portugués revela que se considera vasallo de Inglaterra y que se subordina a todas las consideraciones e intereses ingleses”, razón por la cual Alemania “se considera en estado de guerra con Portugal”.
Declaración de guerra con Alemania en la prensa
Uniforme y equipación soldado CEP
   

     De manera inmediata el nuevo gobierno portugués encabezado por Bernardino Machado aprueba y encarga la formación de un “Corpo Expedicionário Portugués”. El ministro de la guerra, general Norton de Matos, pone en marcha el centro de instrucción de Tancos y nombra al general Tamagnini comandante del CEP.

Tropas del CEP se despiden de sus familias

    En un tiempo récord para la época (le llamaron el “milagro de Tancos”) el CEP estará listo para partir, formado por un Cuerpo de Artillería Independiente y dos Divisiones de Infantería; la primera división parte hacia Francia el 30 de enero. El 2 de febrero desembarcan en Brest y el 8 de febrero llegan a Flandes. El 23 de febrero sale de Portugal la segunda división del CEP.






  
   El 4 de abril se encuentran ya atrincherados en el frente, día en que muere en combate el primer soldado portugués en la Gran Guerra.
Revista del CEP en suelo francés
     
Panfleto contra la guerra
          En Portugal surgen manifestaciones pacifistas y antibélicas, con publicaciones y panfletos que pedían el regreso de las tropas a casa. Si no tuvieron mayor incidencia en los soldados del CEP fue por la dificultad en su distribución y que gran parte de ellos eran analfabetos. A pesar de las comunicaciones oficiales, el apoyo social a la guerra estaba lejos de ser mayoritario.



     A su llegada al frente occidental las tropas lusas, bajo el mando del general Gomes da Costa, se adaptan rápidamente a la guerra de trincheras, mostrando eficiencia y espíritu combativo.


La vida del CEP en las trincheras

Reparto del rancho en la trinchera

Centinela de señales del CEP


Enfermeras portuguesas en Francia

La hora del descanso


       No obstante las condiciones fueron a peor en poco tiempo, a causa de la falta de relevos que impedía el necesario descanso a los soldados; y es que no había suficientes barcos aliados para ello, cuya prioridad era transportar las tropas y pertrechos que llegaban desde Norteamérica al entrar los Estados Unidos en acción. Otros factores como el frío y la humedad agravaron la situación en un invierno al que los portugueses no se aclimataban. Tampoco los propios oficiales contribuían al mantenimiento de la moral; poco dados a luchar en el frente, aprovechaban cualquier excusa para disfrutar de un permiso en la retaguardia o en Portugal.

        En abril llegaron a producirse amotinamientos debido a las pésimas condiciones de la tropa.

Las duras condiciones del CEP en la guerra de trincheras

 
     La situación estaba llegando a tal punto que el mando aliado decidió dar un descanso a las tropas portuguesas, relevándolas por tropas británicas. Pero justamente el día planeado para ese relevo comenzó la ofensiva alemana y la batalla de la Lys, sorprendiendo a los aliados en una coyuntura totalmente desfavorable.
    

La batalla de la Lys.


     La Operación Georgette fue la segunda parte de la gran ofensiva alemana de 1918. La operación pretendía romper las líneas de la Fuerza Expedicionária Británica (en donde se encuadraba el CEP) en el norte de Francia y oeste de Bélgica, con el fin de bloquear el acceso británico a los puertos del Canal La Mancha y así aislarlos y derrotarlos por falta de refuerzos y aprovisionamientos.
     El mando alemán planeó el ataque sobre el sector considerado más débil del frente, ocupado por una de las dos divisiones portuguesas, en la línea de separación entre el flanco izquierdo portugués y las posiciones británicas, en el sector de Ypres. Dos ejércitos alemanes al mando de Von Quast llevarían a cabo la ofensiva, con 16 divisiones en tres líneas succesivas de ataque.

     A las 04:15 del 9 de abril estalla un gigantesco bombardeo artillero sobre las posiciones portuguesas y británicas. Comenzaba la batalla de la Lys, también conocida como la 4ª batalla de Ypres.

Pieza de artillería alemana

   La artillería portuguesa responde pero con escasos resultados ante la absoluta superioridad germana. El incesante y terrible martilleo alemán termina a las 08:45, avanzando entonces su infantería de norte a sur, en un frente de 20 km, contando además con la ventaja de la niebla. El ataque es particularmente violento contra la 2ª división portuguesa y la 40ª división británica. El avance alemán termina por superar el flanco izquierdo portugués y logra envolver las unidades del CEP.

Mapa batalla de Lys

El horror de la guerra para el CEP






     El ataque artillero fue de tal dimensión que las posiciones defensivas portuguesas quedaron totalmente destrozadas. 
    El pueblo de Neuve-Chapelle, en la zona central del sector, desaparece prácticamente del mapa debido a la lluvia de fuego y acero alemana. La resistencia al posterior avance fue casi inexistente, sin causar apenas bajas a los atacantes. Ya no existía la primera línea, ni portuguesa ni británica.  

El sector portugués arrasado tras el ataque alemán

     Rotas las líneas del frente en varios puntos, apenas quedaron algunos focos de resistencia portugueses, sin contacto entre ellos. Gran número de soldados se rendían a los alemanes que se acercaban por la retaguardia. Mediada la jornada, los alemanes sobrepasan todas las líneas portuguesas.

Tumba portuguesa tras la ofensiva alemana

     Parte de las fuerzas del CEP continaron luchando en el flanco derecho junto a la 50ª división británica, consiguiendo mitigar el avance enemigo. En ese sector ocurrieron casos aislados de lucha heróica en las filas portuguesas, pero sin gran incidencia en el resultado de la batalla.

"Cristo das Trincheiras"
"Cristo das Trincheiras" encontrado en las ruínas de Neuve-Chapelle.
En la actualidad permanece expuesto en el monasterio de Batalha (Portugal).

Oficiales portugueses posando bajo el "Cristo das Trincheras" restaurado

      No puede decirse que la contribución del Cuerpo Expedicionario Portugués  haya sido notable para la batalla, ya que la mayor parte del contigente, en pleno proceso de relevo ese mismo día, fue diezmado por el demoledor ataque artillero alemán.
     Los números oficiales de bajas son escalofriantes: la estimación del CEP fue de 1.341 muertos, 4.626 heridos, 1.932 desaparecidos y 7.740 prisioneros. Para Portugal una derrota sin paliativos. Después de esta batalla la politica internacional y militar lusas sufrieron un cambio radical.

Prisioneros del CEP hechos por los alemanes

    Tras el enfrentamiento en Flandes lo que quedaba del mermado CEP fue empleado por el mando británico en humillantes y pesadas labores de mantenimiento, como la excavación de trincheras o arreglo de caminos y carreteras. Luego se formaron tres batallones de infantería, que desfilaron por los Campos Elíseos de París con los aliados el 14 de julio de 1918, y que siguieron combatiendo en las filas del ejército inglés hasta la firma del armisticio. 

Lo que queda del CEP desfilando en París el 14 de julio 1918

Final de la Operación Georgette.
     Tras la victoria germana en la batalla de Lys, la ofensiva prosiguió hasta convertir en desesperada la situación británica. Como medida de urgencia el gobierno de Su Majestad acepta someter a su ejército bajo mando francés, en una jefatura única que permitió una mejor coordinación de las fuerzas aliadas; inmediatamente unidades francesas relevaron a los agotados ingleses en la primera línea. Por otra avance alemán se vió frenado por falta de medios motorizados y de combustible, al no poder desplazar la artillería con rapidez y rentabilizar el éxito inicial de la ofensiva.
     Semanas después los ataques alemanes fueron detenidos por los británicos, reforzados por los franceses al sur y los belgas al norte. El fin de la guerra estaba cerca, con una Alemania que se veía incapaz de superar a los aliados y a la cada vez mayor implicación material y humana de Estados Unidos en el conflicto; por si fuera poco el mando y gobierno germano se enfrentaban a un enorme descontento de su población debido a los sacrificios, bajas y sufrimientos de la guerra; una revolución amenazaba con explotar en la retaguardia, siguiendo el ejemplo de la bolchevique.

Conclusión y consecuencias.


     Se firma del Armisticio final del 11 de noviembre 1918, y en 1919 se inicia la Conferencia de Paz, en la que se le concede un escaso protagonismo a Portugal con un único representante (Brasil, por ejemplo, tendría 3), quedando lejos de conseguir sus objetivos de preguerra. Si obtiene algunos logros diplomáticos es gracias al apoyo británico, consiguiendo colocar un comisionado en la Comisión de la Sociedad de Naciones, otro en la Comisión de Puertos y Vías de Comunicación y otro en la Comisión de Reparaciones.
     En las negociaciones de la Conferencia de Paz a duras penas logró mantener el statu quo de las colonias, con los belgas reclamando el enclave angoleño de Cabinda para dar una salida al mar a su colonia del Congo. Nuevamente el respaldo inglés resultó clave como apoyo diplomático.
   Hasta 1919 no regresaron a Portugal los miles de prisioneros del CEP retenidos en Alemania; tuvieron que ser vapores británicos que los llevaran de vuelta a casa, ante la inoperante flota comercial propia.
Los prisioneros del CEP regresan a Portugal en 1919

       Paradójicamente, tras el derrame de sangre portuguesa en la Gran Guerra y durante las negociaciones internacionales de paz, en el propio país ocurrió el asesinato del presidente golpista Sidónio Páis, al tiempo que estallaba una revolución en el sur y una rebelión monárquica en el norte.