2 nov. 2016

Hans Joaquim Marseille, la Estrella de África.




El as de la Luftwaffe en el Norte de África.



    <<Marseille fue un virtuoso sin rival entre los pilotos de caza de la Segunda Guerra Mundial. Sus logros, considerados como imposibles, todavía no han sido superados por nadie>> Adolf Galland, general de la Luftwaffe, en sus memorias.
    
    Hans Joaquim nació en Berlín el 13 de diciembre de 1919, con el apellido Marseille de su familia paterna, hugonotes franceses que generaciones antes se habían refugiado en tierras germanas de la persecución religiosa. Su padre Siegfried Marseille, combatiente de la Primera Guerra Mundial, alcanzó el grado de Generalmajor de la Wermacht en 1941 (murió en un ataque de partisanos en Bielorrusia, enero de 1944) 

    A pesar de pertenecer a una familia de abolengo militar tenía aversión por el mundo castrense, la marcialidad y los uniformes. Al divorciarse sus padres se quedó con su madre, que lo introdujo en el gusto por la cultura y la música en particular. Pero desde muy joven sentía la pasión de volar, para lo cual en la Alemania de la época había que ingresar en la carrera de las armas; en 1938 cumple su servicio militar obligatorio en el Servicio del Trabajo del Reich, y poco después se enrola en la Luftwaffe donde recibe las primeras instrucciones en un tiempo todavía de paz. En la escuela de vuelo de guerra Luftkriegsshule 4 ya comienzó a demostrar su rebeldía e indiferencia hacia la disciplina; numerosas ausencias nocturnas regresando ebrio al cuartel, faltas varias y arriesgados ejercicios de vuelo que no estaban en el programa estuvieron a punto de arruinar su carrera. Pero era hijo de un alto oficial, y sus instructores apreciaban en él un gran potencial como piloto, lo que le permitió terminar la instrucción. Cuando estalla la guerra en septiembre de 1939 ya estaba casi listo para el combate, completando su formación en la Jagdfliershule 5, que dirigía el as de la I Guerra Mundial E. Ritter von Schleich, donde finalmente consigue graduarse con una nota de sobresaliente, aunque debido a sus castigos y arrestos no le entregan el despacho de alférez hasta agosto de 1940. 




La Batalla de Inglaterra. Primeros combates.




    En ese mismo mes de agosto es destinado al grupo de caza operacional Jagd/LG2 en Mark, Pas de Calais, durante los inicios del ataque aéreo a Inglaterra. El día 24 tiene lugar su bautismo de fuego sobre el canal de la Mancha, derribando su primer avión enemigo, con la muerte del piloto inglés en su salto al mar. Marseille no parece sentir alegría en esa primera baja, anotando su tristeza sobre esa primera muerte en una carta enviada a su madre. En poco más de un mes consigue cinco derribos, pero el 23 de septiembre tiene que hacer un aterrizaje de emergencia en la playa francesa de Wissant con su Bf109E muy dañado por los combates. El 28 de septiembre consigue su 7º derribo enemigo, pero a la vuelta de una misión de escolta a bombarderos su avión cae al mar debido a los daños sufridos. El piloto sobrevive durante 20 minutos en las frías aguas del canal hasta que lo rescata un hidroavión de la Luftwaffe. Agotado y con hipotermia es ingresado en un hospital de campaña. 



   Durante la recuperación Marseille hace gala de su gusto por las salidas nocturnas, el alcohol y los líos de faldas. Su escasa disciplina y laxa uniformidad le acarrean varios arrestos. Reasignado en octubre al Jagdgeschwader 52, en su nuevo destino demuestra una excesiva apuesta por las acciones individuales (prohibidas en la Luftwaffe), así como por arriesgadas maniobras de ataque o de evasión con los aviones ingleses. Acaba destrozando cuatro aparatos. Todo ello acaba con la paciencia de su jefe de unidad que acaba ordenando su traslado al Jagdgeschwader 27, en Cherburgo. Su nuevo comandante de grupo, el mayor Neumann reconoce inmediatamente su gran habilidad como piloto. Instintivamente le concede un margen de confianza, esperando que finalmente Marseille demostrase ser un buen piloto alemán.


Norte de África. El inicio de la leyenda.



   Llegado abril de 1941, el JG 27 sirve brevemente en la campaña de los Balcanes, antes de dividir sus grupos en dos escenarios de la guerra. Los II/JG 27 y III/JG 27 son destinados al frente central de la Operación Barbarrosa, la invasión de la URSS. Por contra el I/JG 27 de Marseille se traslada al norte de África como apoyo aéreo del Áfrika Korps el mismo 20 de abril. Su primer vuelo entre Trípoli y la base de Gazala resulta accidentado, teniendo que hacer un aterrizaje forzoso en el desierto por avería; en una rocambolesca travesía por el desierto, incluído un incidente con aliados italianos, consigue que todo un general alemán le ceda su coche con chófer para llegar a su destino.
 - "Me debe 50 derribos, Marseille" parece que le dijo el general. Mal sabía el oficial que el joven piloto superaría con creces esa cifra. Se fraguaba la leyenda. 


    Consigue sus primeros derribos africanos el 23 y 28 de abril. Aunque el propio día 23 él mismo es derribado en su segunda salida por el piloto de la Francia Libre James Denis, que volaba en un Hurricane de la RAF. El día 27 el mismo Denis derriba de nuevo al alemán, que se salvó por centímetros de las balas. Marseille no termina de acostumbrarse a su nuevo destino, destroza 4 aviones, más otro de prueba. Viendo que su comandante estaba perdiendo la paciencia, decide aplicarse y desarrollar un programa de autoaprendizaje: mejora los aspectos tácticos y también los físicos con un ciclo de ejercicios para mejorar su musculatura (los pilotos sufrían la gran fuerza de gravedad y los bruscos cambios de sentido y velocidad). Elaboró una táctica de ataque que favorecía su arrojo y su extraordinaria puntería, que consistía en disparar al avion enemigo con gran ángulo de deflexión, muy por delante del morro del aparato contrario hasta coincidir con la trayectoria de las balas. Su puntería y pericia le permitían acertar solamente con una corta serie de 15 disparos. Tanto mejoró esta táctica que sus compañeros le consideraron un auténtico maestro en el tiro con deflexión. Jochim incluso renunció a usar gafas de sol, para acostumbrarse a la deslumbrante luz del desierto y tener una mejor visión. También desarrolló la habilidad de introducirse en la formación defensiva de los cazas aliados llamada "formación en círculo", creada a finales de la I Guerra Mundial; Marseille se colaba a toda velocidad en el centro de dicha formación y con su efectivo tiro de deflexión derribaba un aparato tras otro en ajustadas pasadas.


    Uno de sus compañeros declaró años más tarde: "Marseille pudo concentrarse en el combatir debido a la falta de chicas, bares y demás distracciones que no había en África"

    Con estas mejoradas tácticas los derribos fueron llegando poco a poco. En julio es ascendido a Leutnant y el 24 de septiembre consigue su primera victoria múltiple en una misión, derribando cuatro Hurricanes de la SAAF (fuerza aérea sudafricana). El "amarillo 14", su Messerschmitt Bf109F, empieza a ser temido entre los pilotos aliados. Con 25 victorias confirmadas, en noviembre Marseille y su escuadrilla son enviados a Alemania para familiarizarse con el nuevo Bf 109F-4/Trop, un modelo adaptado a las condiciones de vuelo en el desierto.

    


Ascensos y peculiar vida social.


   La estrella de Marseille ya comenzaba a brillar en los medios alemanes, la propaganda nazi comienza a usar sus éxitos para galvanizar la moral de la tropa. Su fama en el norte de África se estaba acercando a la de Rommel, el Zorro del desierto. En febrero de 1942 se había comprometido con Hanne-Lies Küpper, una joven maestra de Berlín para sorpresa de los que le conocían su fama de mujeriego. 


   
   Los buenos resultados como piloto de caza le permiten ascender a Oberleutnant, y poco después es nombrado jefe de la 3ª escuadrilla del JG 27. A finales de junio se vuelve a Alemania con dos meses de permiso tras haber conseguido su derribo número 100. En agosto viaja con su novia hasta Roma, donde Benito Mussolini le condecora con la Medaglia d´Oro, la más alta al valor para un militar italiano.
 


    A pesar de que el Afrika Korps ya no estaba en sus mejores días, Marseille no dejaba de incrementar sus victorias. Su talento despertaba pasiones entre sus compañeros y también entre miles de seguidoras en Alemania enhardecidas por una propaganda idealista del departamento de Goebbels; cientos de cartas de admiradoras llegaban regularmente al escuadrón de Marseille, para su divertimento y el de sus camaradas. La vida en el norte de África era dura para estos pilotos, en constante desgaste por los combates y cada vez más presionados por la superioridad material aliada, pero Jochem se permitía dar ciertos gustos, apoyado por su prestigio y status cada vez más cercano al de un héroe. En tierra tenía una actitud bohemia aderezada por su nada ortodoxo alojamiento, una tienda informal llena de sofás, sillones y mesas hechos con telas de lona, cajas y cartones de intendencia, en donde destacaba un bar bien provisto atendido por un negro sudafricano, prisionero de guerra, llamado Matthias y que llegó a ser gran amigo y confidente suyo, para escarnio de la política racial nazi. Altos oficiales alemanes e italianos -generales incluídos- se rifaban la fabulosa hospitalidad de Marseille en su cubil del desierto, aunque muchos tenían que tolerar a regañadientes el ser atentidos por un hombre de raza negra.






Un día de gloria.




     El 1 de septiembre de 1942, de regreso al desierto libio, el teniente Marseille logra una de las grandes hazañas bélicas de la Segunda Guerra Mundial, en un cielo norteafricano que entonces que ya empezaban a dominar los aparatos aliados, que ya estaban venciendo en la batalla de El Alamein. Durante varias salidas hechas ese día consigue derribar nada menos que 17 aparatos enemigos, ocho de ellos en tan solo 10 minutos. 
     A las 07:30 su escuadrilla despega con la orden de escoltar una misión de bombardeo de Stukas hacia el sur. Al poco de despegar se enfrentan al ataque de unos P-40 Tomahawk ingleses, de los cuales Marseille logra abatir a tres. A la vuelta de la misión otros seis Spitfire aparecen amenazantes en el cielo; en una arriegada maniobra con súbitos giros y cambios de sentido el as alemán derriba un Spifire. 
     A las 9:15 Marseille vuelve a su aeródromo para reponer combustible y municiones, felicitado por el personal de tierra por sus cuatro victorias de la mañana.
     Nuevamente recibe orden su escuadrilla de escoltar a los Stukas en un ataque a Alam el Halfa, en territorio egipcio. En pleno vuelo aperciben dos formaciones de bombarderos aliados escoltados por sus correspondientes cazas. Ocho P36 Hawk de esa escolta se dirigieron hacia los Stukas, enfrentándose directamente con la escuadrilla de cazas alemana. Viendo lo que se les venía encima formaron el círculo defensivo típico de los aliados, pero Marseille era especialista en desarmar esa defensa: redujo la velocidad y se introdujo en el círculo derribando dos aviones en apenas dos minutos. Los cazas aliados se dispersan intentando volver a formación cerrada; Marseille los persigue y en un descenso gradual de dos mil quinientos metros consigue ametrallar y destruir a cuatro más. Sus propios compañeros no daban crédito a lo que estaban observando: ocho rivales abatidos en 10 minutos. 
     Regresando con su pareja de vuelo hacia el oeste aparecen por debajo de ellos otros cazas aliados que volaban en sentido contrario. No vieron a los alemanes que se dirigieron hacia ellos a toda velocidad; bajo los cañones de Marseille otro P36 más estalla en vuelo. 
     Pocos minutos después vuelven a apercibir un Tomahawk averiado dejando una estela blanca y que intentaba volver a su base. Sin pensárselo Marseille lo atacó por detrás viendo como su fuselaje se desintegraba bajo sus balas. 

     Hacia el mediodía regresan a su base, a donde había llegado el mariscal Kesselring. Marseille le saluda y le informa de las misiones de su escuadrilla esa misma mañana, con doce derribos.
- ¿Cuántos de ellos son suyos, Oberleutnant? preguntó Kesselring.
- Doce señor, contestó Marseille al mariscal que tuvo que sentarse de la impresión.

     Tras un descanso de un tórrido día norteafricano, a las 17:00h despegó en su tercera misión, esta vez era la de escoltar una escuadra de JU-88 hacia un bombardeo a El Imayid, al este de El Alamein. En plena vuelo una formación de quince Hurricanes se lanzan hacia los bombarderos; Marseille y su escuadrilla se introducen entre ellos y en un combate de pocos minutos consigue derribar a cinco aviones enemigos más, en cotas de entre mil quinientos y cien metros de altura. El resto de la formación aliada se dispersa sin presentar más batalla.

     Con esas 17 victorias aéreas del 1 de septiembre Marseille consigue una hazaña singular,  convirtiéndose en el piloto del frente occidental con récord de derribos en un solo día (todo ello está convenientemente confirmado y documentado por testigos en los correspondientes informes de la Luftwaffe). Y lo más importante, se convierte en leyenda, tanto para sus compatriotas como para sus enemigos.

     Hasta finales de septiembre logrará cincuenta y cuatro derribos más.










     Pero la superioridad aliada en material era cada día más evidente, los pilotos alemanes se veían superados y agotados por las innumerables salidas y misiones a realizar. Con poco más de un centenar de aviones tenían que hacer frente a una fuerza aérea aliada compuesta por más de 800 aparatos. La tensión era enorme y el propio Marseille, entre la sobreexcitación por sus triunfos y fisicamente al límite por los combates, se encuentra al borde del colapso sin apenas poder descansar. La suerte no iba a durar mucho.

Accidente mortal


     Con 22 años Hans-Joaquim Marseille era la´Estrella de África´, 158 derribos lo consagraban como un as de la Luftwaffe. La experiencia de combates día tras día le habían hecho aflorar habilidades innatas como piloto de caza. Se propuso transmitir experiencia y métodos a sus compañeros de escuadrilla pero sin demasiado éxito; pocos de ellos lograrían siquiera acercarse al nivel de Marseille. 




     Los altos mandos no paraban de felicitarle, y el 16 de septiembre logra un anticipado ascenso a Hautpmann, siendo el capitán más joven de la Luftwaffe. La prensa de guerra y los medios nazis le seguías con pasión, tanta fama parece que llegó a molestarle creyendo que finalmente lo apartarían del frente, de sus camaradas y de su amigo Matthias para destinarlo a Alemania. 



     A pesar del agotamiento crónico no quería dejar de volar, aunque entre los días 16 y 25 tuvo que quedarse en tierra forzado por una fractura en un brazo. El 26 de septiembre consigue su derribo 158, pilotando el nuevo Me- Bf109/G en contra de su voluntad; los pilotos del 3/JG27 no se fiaban del nuevo modelo criticando fallos en el motor, pero una orden del mismísimo mariscal Kesselring zanjó el asunto.



     La escuadrilla estuvo descansando hasta el día 30, cuando se le ordenó hacer un vuelo de escolta hacia terreno conquistado por los aliados, en el que no hubo contacto con el enemigo. Durante el regreso de la misión, sobre las 11:35h un repentino humo negro comenzó a salir de la cabina del avión de Marseille, cegando y asfixiando al as berlinés. Alertó por radio a sus camaradas, y dos de ellos le guiaron hasta sobrevolar líneas alemanas. A falta de diez minutos para llegar al aeródromo de destino Marseille exclamó a sus guías: - "No puedo aguantar más, tengo que saltar". Éstos apartaron sus aparatos para dejarlo maniobrar e invertir su avión tras abrir la cabina cumpliendo con el procedimiento. Pero cegado por el humo negro se demoró en el salto, y en segundos el caza entró en un peligroso picado a unos 600 km/hora.
Cuando consigue salir de la cabina y saltar la velocidad del picado hace que su cuerpo impacte con fuerza contra el alerón de cola. Puede que el golpe le dejase inconsciente o directamente le produjera la muerte, ya que su cuerpo se precipitó directamente a tierra. Cuando encuentran su cadáver, a 7 kilómetros al sur de Sidi Abdel Rahman, comprueban que ni siquiera intentó tirar de la manija de apertura de su paracaídas. Su reloj de pulsera se hallaba parado en las 11:42 a.m.


     Había muerto la leyenda. La "Estrella de África" se había apagado a los 22 años de edad, manteniéndose invicto hasta el final. Esperaba casarse con su prometida en el mes de diciembre.

     El mortal accidente tuvo un tremendo impacto entre sus compañeros, cuya moral jamás se recuperó; en las semanas siguientes varios pilotos fueron abatidos en combate y la escuadrilla ya no volvió a ser la misma de los éxitos fulgurantes liderada por el maestro.



     El capitán Hans-Joaquin Marseille fue enterrado en el cementerio de Derna, en un numeroso sepelio encabezado por Kesselring y Neumann, que pronunciaron los elogios fúnebres.

     En años posteriores sus restos fueron transferidos al memorial alemán de Tobruk, Libia. Finalmente en 1989 se colocó una lápida y una placa nuevas en un acto al que asistieron compañeros supervivientes, incluído su fiel amigo Mathew Letulu "Mathias". 


     En el lugar de su mortal caída todavía se puede visitar una pirámide homenaje levantada entonces por sus aliados italianos en su memoria.

Condecoraciones




-Cruz de Hierro de segunda clase (por dos victorias aéreas).
-Cruz de hierro de primera clase (por cuatro victorias aéreas).
-Copa de Honor de la Luftwaffe.
-Cruz Alemana en Oro (por sus primeros veinticinco derribos). Impuesta por el Generalfeldmarschall Albert Kesselring.
-Cruz de Caballero de la Luftwaffe (por lograr cincuenta derribos). Impuesta por Albert Kesselring.
Medalla de Plata italiana al valor militar.
-Espadas para la Cruz de Caballero con Hojas de Roble (por lograr cien derribos), entregada por Hitler en su Cuartel General de Rastenburg.
-Piloto-Obervador en Oro con Diamantes, impuesta por Hermann Göring
Medaglia d´Oro, la más alta condecoración italiana al valor, impuesta por Benito Mussolini en Roma.
-Frontflugspange en Oro. Broche de vuelo de la Luftwaffe (por llegar a 300 vuelos)
-Cruz de Caballero con Hojas de Roble, Espadas y Brillantes (solamente 27 oficiales la recibieron durante la guerra). Hitler tenía prevista entregársela ese mismo año, pero la muerte del piloto impidió el acto. La condecoración nunca fue entregada a su familia, a pesar de figurar así en el reglamento.


-Áfrika Ärmelstreifen (cinta del puño), a título póstumo.


Video






Fuentes:
Exordio
Wikipedia
Extractos de la biografía del Mayor Robert Tate (USAF)
Extractos del libro ´Luftwaffe Aces´(Raymond Toliver, Trevor Costable)
Extractos del libro ´The Star of Africa´(Colin Heaton, Anne-Marie Lewis)
El País

3 comentarios:

  1. Hans, el mas grande entre los grandes, el virtuoso del aire

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    1. A donde hubiera llegado su carrera de no haber muerto tan joven...

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