25 oct. 2015

La batalla de Flers-Courcelette. Los tanques irrumpen en la Primera Guerra Mundial.

Los primeros tanques en la historia. La ofensiva del Somme.

      

      La batalla de Flers-Courcelette fue la tercera y última gran ofensiva británica en medio de la gran batalla del Somme. En su origen se concibió como un simple ataque paralelo, pero finalmente tendrá un impacto importante sobre la Primera Guerra Mundial además de cambiar para siempre las tácticas de guerra.

     La ofensiva del Somme tuvo lugar durante el verano y el otoño de 1916, y la batalla de Flers-Courcelette se inició el 15 de septiembre. Se alargó durante una terrible semana con el objetivo de abrir una brecha en las defensas alemana con bombardeos de artillería seguidos de masivos asaltos de infantería. La caballería tendría entonces la misión de introducirse a través de la brecha para seguir con el avance. 

 

 

  Preludio


     A principios de verano de 1915 ya era evidente que la victoria iba a depender de tácticas que permitieran dominar la guerra de trincheras instaurada en el frente occidental. Existía por entonces un proyecto británico para el desarrollo de un "acorazado terrestre" con el fin de combatir con éxito las trincheras, las alambradas y las ametralladoras. El proyecto estaba dirigido por el Landships Committee, una pequeña comisión creada en febrero de 1915 por el Primer Lord del Almirantazgo, Winston Churchill. Tenían que crear un vehículo blindado capaz de romper el impasse provocado por la guerra de trincheras.
  

     El primer prototipo estuvo listo en otoño de 1915, construído en los talleres William Foster & Company of Lincoln.


      Bautizado Little Willie fue el primer prototipo de tanque de la Historia.




     El proyecto dió a luz el Mark I, el primer carro blindado en entrar en combate. Al vehículo le llamaron inicialmente "tanque" con el fin de engañar a los alemanes y hacerles creer que eran contenedores para transportar agua.

     El primer prototipo de Mark I estuvo listo enero de 1916. Tras unos meses de pruebas el general Sir Douglas Haig, comandante del CEP británico, planeó el primer ataque masivo de tanques para el primer día de la ofensiva del Somme.


     Presionando para que los fabricantes cumpliesen plazos de entrega de suficientes carros, dos meses y medio más tarde llegaron al frente. Haig ordena entonces a su segundo al mando, general Sir Henry Rawlinson, integrar las máquinas en los planes de combate del 4º Ejército. 


Los Mark I en la batalla.


     El 15 de septiembre comienza una batalla que pronto derivó en un gigantesco choque de contendientes. El ataque inicial cogió por sorpresa a las tropas alemanas, que abandonaron casi 2 kilómetros de frente ante el empuje de británicos y canadienses. Pero poco a poco estos fueron frenando el avance a medida que aumentaban las dificultades.




     El avance de los tanques fue problemático desde el principio. De la formación inicial de 49 tanques previstos, solo 32 están preparados para lanzar el ataque. De estos últimos 7 se averiaron nada más arrancar, lo que únicamente dejaba 25 unidades operativas, casi la mitad,
El impacto principal de los tanque fue psicológico; su presencia aterrorizó a los defensores alemanes y animó a los atacantes. 


     Pero el efecto táctico resultó escaso. En la práctica aportaban poco apoyo real a la infantería, y la mayoría de los carros se averiaron o fueron inmovilizados en plena batalla. Solamente 9 tanques consiguieron penetrar las líneas alemanas, a una velocidad que no superaba el paso de la infantería.
El general Haig había hecho caso omiso a las advertencias del uso prematuro de los tanques. El terreno de la batalla era demasiado accidentado y los tanquistas aliados no estaban suficientemente entrenados en el dominio de sus máquinas.

     El día 17 se ordenó un segundo ataque a los vehículos que quedaban operativos, pero ante una climatología muy complicada y las elevadas pérdidas se decidió anular la ofensiva de los blindados.


Consecuencias

     Mis desdichados "acorazados terrestres" han sido utilizados de forma prematura y a una escala insignificante... Si se hubiesesen usado esas formidables máquinas de manera debida y a gran escala, la victoria habría sido brillante, pero lamentablemente se le han desvelado al enemigo con el único y mezquino fin de conquistar algunas aldeas ruinosas...
                    El Primer Lord del Almirantazgo, Winston Churchill

     Esta y otras críticas rápidamente consiguen que se apliquen mejoras en máquinas y tácticas, llegando al final del conflicto con una nueva arma temible para los ejércitos que lo posean.

     La batalla de Flers-Courcelette llega a su fin el 22 de septiembre, con 29.000 bajas para los aliados (ingleses, escoceses, canadienses y neozelandeses) que toman parte en esta sangrienta semana, con pírrica victoria para tan graves penalidades.


     Tampoco significó el fin de la batalla más grande, la del Somme, que tuvo unas consecuencias terribles sobre todo para los británicos (En esta misma batalla cayó Raymond Asquith, hijo del primer ministro H.H. Asquith, y herido grave Harold Macmillan, futuro primer ministro). La ofensiva prosiguió unos dos meses más, pero Haig y su cuartel general ya habían renunciado entonces a atravesar las líneas alemanas, rebajando sus metas a objetivos más limitados.


      Pero Flers-Courcelette deja una huella indeleble en la historia bélica mundial: los tanques. Tras su primera aparición, sus mejoras y desarrollo hicieron de ellos un arma táctica que ya no dejaron de usar ninguno de los dos bandos. Y su futuro estaba todavía por contarse.







fuentes:
dominios públicos & British Mark I Tank 1916

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